Fueron de los días más duros que se pudieron percibir en la Risueña. Denís no faltó a su promesa de retirarle la palabra a Marcos Alcaraz si éste se decantaba por seguir permitiendo que la bruja lo visitara. Pero no era la única residente que había decidido dejarle de hablar. De su parte se encontraba Oscar Duna.
Marcos Alcaraz fue capaz de sobrevivir los primeros días sin intercambiar palabras con nadie. Denís solía servir los desayunos a cada uno de los miembros, pero siempre faltaba un plato y una taza por poner, que no era otra que la de aquel muchacho de pelo color rubio ceniza. Marcos no le dio demasiada importancia. Podría tratarse de un descuido tal vez. Pero no tardó poco en percatarse que se encontraba sólo sentado en la mesa: Manel no era un hombre de muchas palabras y Julius siempre iba a su bola. La única que quizá le prestaba un poco de atención era Madre, pero enseguida empezaba a hablar de múltiples recetas e infinidad de productos de limpieza, que la conversación se hacía demasiado monótona.
Marcos Alcaraz volvía a aquellas primeras semanas de soledad que vivió tiempo atrás. Había comprado algún que otro libro en una pequeña librería que se encontraba cerca del palacete del Consejo Supremo. Las noches se le hacían muy pesadas, y por ello decidió matar el tiempo leyendo pesados volúmenes, algo que nunca le había llamado en gran cantidad la atención.
Un día, cuando comenzaba a desglosar el índice de un libro con carátulas de terciopelo azulado, alguien llamó a la puerta. Dio la casualidad que se encontraba en la cocina devorando un trozo de pastel y que estaba próximo a la salida del hostal. Con el libro bajo el brazo y el pastel en la mano contraria abrió sin más. Su sorpresa sobrevino cuando vio de quien se trataba. Era ella. Era Meg.
Marcos Alcaraz la observó sin apenas pestañear. Se detuvo en el detalle del color de su falda. Color verde botella intenso. Aunque la parte de arriba era de un color negro tizón, el muchacho pudo advertir que poco a poco, Meg estaba abandonado los colores sufridos.
- ¿Puedo pasar?
- Mejor damos un paseo.- De esta manera Marcos Alcaraz evitaba que existiera revuelos en el hostal.
Ambos caminaron pero dejando un puñado de metros de separación. No se miraban. Ninguno de ellos habían iniciado una conversación, por muy monóloga o corta que pareciese.Ambos se encontraban sumidos en sus pensamientos.
- ¿Por qué has venido a visitarme?.- Marcos Alcaraz cortó aquel silencio como si de un cuchillo con un hilo se tratara.
- Si quieres doy la vuelta y me voy.
- No vendrías a por otro beso ¿no?.- El joven soltó una carcajada.
El muchacho pronto se dio cuenta de la mueca de asco de su acompañante. Arrugó los ojos y empezó a analizarla. Las bromas no les sentaban bien a todo el mundo, eso lo sabía a la perfección. ¿Sería que Meg necesitaba un poco de cariño?
- Hay algo que te inquieta ¿no es así?.- Marcos Alcaraz la agarró del brazo y esperó un puñado de segundos una reacción. Meg sostuvo su mirada parda frente a la suya, a pesar de que tenía la costumbre de no mirar a los ojos. No dijo nada.
- ¿Sabes qué fue lo primero que me dijeron nada más poner un pie en La Risueña?.- Meg enarcó una ceja interesada.- Que me alejara de ti. Que eras peligrosa para todos nosotros. Sin embargo, decidí acercarme a ti sin importarme las consecuencias. He intentado por todos los medios conocerte mejor. Te he brindado mi mano, pero tú te empeñas en no tomarla. Sé que no has venido a darme ninguna explicación, pero aún así, yo te la pido. ¿Por qué Meg? ¿Por qué no me dejas quererte?
La bruja parpadeó un par de veces con su cabeza algo desorbitada. no daba crédito a lo que su fino oído estaba escuchando. Sin decir nada, metió una de sus delicada manos en un bolsillo de su falda color verde y sacó una carta. Marcos Alcaraz lo observó todo con detalle. La mano de Meg temblaba notablemente. El chico la volvió a mirar a los ojos una vez más.
- ¿Estás bien? ¿Pasa algo?
- No venía a hablar contigo. Quiero hablar con Denís.
domingo, 14 de agosto de 2016
miércoles, 10 de agosto de 2016
Capítulo 10
Marcos Alcaraz comenzó a subir los peldaños de la escalera de caracol rápidamente. Sabía lo que se avecinaba, pero era hora de no evitar más todas aquellas circunstancias y echarle cara de una vez por todas. Oscar Duna lo sobresaltó de frente, lo cual hizo que el primero diera un paso hacia atrás temiendo haberse caído.
El rostro de Oscar Duna se mostraba enfurecido. El chico miraba de brazos cruzados impaciente a su amigo. Sin embargo, Oscar Duna odiaba los silencios:
- ¿Dónde está el preservativo que había en mi mesa?.- Preguntó sin dar rodeos.
El corazón de Marcos Alcaraz comenzó a latir con furia, como si quisiera desprenderse de su pecho. Tomó aire, como siempre solía hacer cuando tenía que tomar una decisión difícil o quizá decir alguna que otra mentira:
- No lo sé.- Dijo sin más esperando que la excusa perfecta rondara por su cabeza.
- Oh sí lo sabes.- dijo Oscar Duna empujando a su compañero a la habitación.- Traje una caja con quince.- Dijo mostrándole el contenido del objeto.- ¡Pero hay catorce!
- Posiblemente trajeras catorce y no quince. O quizá lo ha tomado Madre por simple curiosidad.- respondió el chico girándose hacia la puerta de su habitación doble.- Tengo prisa para escuchar tus historias.
- Lo has utilizado tú. Y lo has usado con Denís.
Marcos Alcaraz se giró sorprendido y vio el rostro de su amigo enrojecido de ira.
- La he visto llorando en el pasillo y me lo ha contado todo. Sé que no miente, así que piensa bien la excusa que vas a dar.
Marcos Alcaraz se encogió de hombros. Se frotó la sien, pero no logró decir nada. Sabía que para su amigo, los silencios lo decían todo.
- ¿Eres idiota? ¿cómo se te ocurre hacer eso?.- Oscar Duna arrojó la caja de los preservativos con fuerza hacia las tiras de madera que formaban el suelo.- ¡Has creado ilusiones a alguien con la que sólo tenías pensado echar un polvo! ¿Eres consciente de eso?
Oscar Duna lo miró una vez más. Marcos Alcaraz conocía esa mirada azabache de su amigo de toda la vida. Sabía que tenía que decir algo más. Y si era lo que él creía que fuese, no estaba preparado para afrontar la verdad.
- Pero eso no es lo peor de todo.- Marcos Alcaraz enarcó una ceja temiéndose lo peor.- Me ha contado lo que ha pasado hace unos momentos. Por tu bien dime que no has besado a esa bruja.
Marcos Alcaraz comenzó a sentirse incómodo con todo aquel interrogatorio. ¿desde cuándo había dado tantas explicaciones seguidas? Se había cansado de que siempre que hacía lo que él deseaba, algún tercero salía perjudicado. Marcos Alcaraz no apartó la mirada de la de su acompañante.
- ¿Por mi bien por qué? ¿qué vas a hacer? ¿Me meto en tu relación con Laila? ¡No te metas en lo que hago o dejo de hacer!
-¡No nombres a Laila!.- Oscar Duna se aproximó más de la cuenta y Marcos Alcaraz no pudo evitar avanzar unos pasos más hasta colocarse cara a cara con el joven.
- Sí la nombro, porque ella es la culpable de todo lo que está pasando. Le tienes pánico a Meg, pero de lo que no te quieres dar cuenta es que es Laila la que la trae hasta aquí.
Un puñetazo de Oscar Duna salió disparado hacia la mejilla izquierda de Marcos Alcaraz. Éste ultimo se llevó su mano contraria a la parte dolorida de su rostro, pero sin embargo no permaneció quieto. Fue hacia él con furia y lo empujó sobre algunos muebles que se desplazaros algunos metros debido a la caída de Oscar Duna. Marcos Alacarz se arrojó a él con furia y con sus mejillas encendidas, propinó un golpe en el abdomen del muchacho. A continuación, la puerta de roble de la habitación se abrió bruscamente debido a todo aquel estruendo, y tras ella se encontraban Manel y Madre. El primero fue a apartar a Marcos Alcaraz que se encontraba encima del otro participante. Oscar Duna también se levantó, llevándose el puño a su nariz que comenzaba a gotear sangre. Madre se llevó las manos a la cabeza y comenzó a llorar, dirigiéndose a otra estancia del hostal en busca de un poco de algodón y de alcohol para curar las heridas. Marcos Alcaraz echó un vistazo a sus nudillos, que también se encontraban ensangrentados, pero hizo caso omiso de sus heridas.
La habitación quedo en silencio. Oscar Duna fue con Madre hacia la cocina para curar su nariz, que no tenía nada más que un par de rasguños. Marcos Alcaraz se sentó en su cama conmovido, divisando el desastre que tenía ante sus pies. Manel le hizo compañía:
- Te advertí que no te acercaras a ella.- Dijo el hombre mientras se sentaba a su lado.- Ahora te tiene preso, eres su marioneta.
- Quiero estar sólo Manel.- Dijo sin más. No tenía ganas de hablar, y mucho menos de dar ninguna otra explicación.
El hombre se encogió de hombros y se marchó. Realmente, Marcos Alcaraz se encontraba mal. Un par de lágrimas brotaron de sus ojos color miel sin poder remediarlo. Hacía mucho tiempo que no se desahogaba de esa manera, quizá desde que su hermano Gonzalo lo dejara para siempre con apenas once años.
Denís acudió a la habitación con retraso. Su boca se tornó en una O mayúscula cuando vio toda la habitación desordenada. Con sus delicadas manos, hizo un recogido en su pelo rebelde de reflejos color cereza y comenzó a ordenarlo todo sin mirar a la otra persona que se encontraba con ella en esa estancia. Marcos Alcaraz , sin embargo, no podía apartar la mirada de la muchacha.
- Lo siento, Denís. Lo siento muchísimo. Te prometo que...
- No tenemos nada que hablar.- Interrumpió la joven colocando una lámpara en un armario.
Marcos Alcaraz acudió a ella para ayudarla a recoger su habitación. Sin embargo la muchacha lo apartó diciendo:
- Ve a la cocina a que mi madre te cure esa mano.
- Puedes curármela tú y así hablamos un poco de todo esto. ¿No te parece?
La mirada color esmeralda de Denís chocó con la de Marcos Alcaraz. Ésta pudo divisar en el la nostalgia y tristeza sincera que desprendían sus ojos.
La joven salió de la habitación, y en unos segundos, traía algodón y un hunguento de color verde oscuro. Colocó parte del potingue en uno de sus nudillos. Marcos Alcaraz se quejó debido al escozor. Denís apretó un poco más y éste volvió a quejarse.
- Denís lo siento mucho.- volvió a repetir.- Si hubiera sabido que te habrías enamorado de mi, te prometo que jamás me hubiera acercado a ti y mucho menos, haberte creado ninguna ilusión.- Marcos Alcaraz volvió a quejarse de su puño magullado.
- Siento que te escueza tanto. Si Meg hubiera estado aquí, con sólo una mirada hubiera curado todo esto y no te dolería nada.
- Haré lo que sea para que te encuentres mejor.- Dijo el muchacho sosteniendo las manos a Denís.
La joven se apartó un poco de él, y mordiéndose el labio inferior comenzó a pensar.
- No quiero ver a esa bruja más por aquí.
Marcos Alcaraz arrugó sus puños con parsimonia. Era algo que sabía que no iba a ser capaz de cumplir, lo tenía bastante claro. Suspiró profundamente y Denís pudo percibir que aquella era una cuestión bastante meditada y que podría no tener una respuesta satisfactoria para ella.
- ¿Por qué no la quieres ver?.- Preguntó Marcos Alcaraz intentando que de ese modo, Denís cambiara de actitud.
- Desde que llegó sólo ha traído problemas.- La muchacha colocó un apósito en una de las heridas del joven.
- Desde que Meg llegó sólo ha hecho salvarnos de apuros. Julius iba a ser ahorcado en la plaza principal y ella lo rescató. Creo que le debemos mucho todavía.
- Julius fue liberado porque se demostró que no era culpable.- Denís se incorporó algo furiosa.
- Lo siento Denís.- Respondió Marcos Alcaraz finalmente.- pero sólo dejaré de mantener el contacto con ella si es Meg la que lo desea. Tarde o temprano, lo comprenderás.
El rostro de Oscar Duna se mostraba enfurecido. El chico miraba de brazos cruzados impaciente a su amigo. Sin embargo, Oscar Duna odiaba los silencios:
- ¿Dónde está el preservativo que había en mi mesa?.- Preguntó sin dar rodeos.
El corazón de Marcos Alcaraz comenzó a latir con furia, como si quisiera desprenderse de su pecho. Tomó aire, como siempre solía hacer cuando tenía que tomar una decisión difícil o quizá decir alguna que otra mentira:
- No lo sé.- Dijo sin más esperando que la excusa perfecta rondara por su cabeza.
- Oh sí lo sabes.- dijo Oscar Duna empujando a su compañero a la habitación.- Traje una caja con quince.- Dijo mostrándole el contenido del objeto.- ¡Pero hay catorce!
- Posiblemente trajeras catorce y no quince. O quizá lo ha tomado Madre por simple curiosidad.- respondió el chico girándose hacia la puerta de su habitación doble.- Tengo prisa para escuchar tus historias.
- Lo has utilizado tú. Y lo has usado con Denís.
Marcos Alcaraz se giró sorprendido y vio el rostro de su amigo enrojecido de ira.
- La he visto llorando en el pasillo y me lo ha contado todo. Sé que no miente, así que piensa bien la excusa que vas a dar.
Marcos Alcaraz se encogió de hombros. Se frotó la sien, pero no logró decir nada. Sabía que para su amigo, los silencios lo decían todo.
- ¿Eres idiota? ¿cómo se te ocurre hacer eso?.- Oscar Duna arrojó la caja de los preservativos con fuerza hacia las tiras de madera que formaban el suelo.- ¡Has creado ilusiones a alguien con la que sólo tenías pensado echar un polvo! ¿Eres consciente de eso?
Oscar Duna lo miró una vez más. Marcos Alcaraz conocía esa mirada azabache de su amigo de toda la vida. Sabía que tenía que decir algo más. Y si era lo que él creía que fuese, no estaba preparado para afrontar la verdad.
- Pero eso no es lo peor de todo.- Marcos Alcaraz enarcó una ceja temiéndose lo peor.- Me ha contado lo que ha pasado hace unos momentos. Por tu bien dime que no has besado a esa bruja.
Marcos Alcaraz comenzó a sentirse incómodo con todo aquel interrogatorio. ¿desde cuándo había dado tantas explicaciones seguidas? Se había cansado de que siempre que hacía lo que él deseaba, algún tercero salía perjudicado. Marcos Alcaraz no apartó la mirada de la de su acompañante.
- ¿Por mi bien por qué? ¿qué vas a hacer? ¿Me meto en tu relación con Laila? ¡No te metas en lo que hago o dejo de hacer!
-¡No nombres a Laila!.- Oscar Duna se aproximó más de la cuenta y Marcos Alcaraz no pudo evitar avanzar unos pasos más hasta colocarse cara a cara con el joven.
- Sí la nombro, porque ella es la culpable de todo lo que está pasando. Le tienes pánico a Meg, pero de lo que no te quieres dar cuenta es que es Laila la que la trae hasta aquí.
Un puñetazo de Oscar Duna salió disparado hacia la mejilla izquierda de Marcos Alcaraz. Éste ultimo se llevó su mano contraria a la parte dolorida de su rostro, pero sin embargo no permaneció quieto. Fue hacia él con furia y lo empujó sobre algunos muebles que se desplazaros algunos metros debido a la caída de Oscar Duna. Marcos Alacarz se arrojó a él con furia y con sus mejillas encendidas, propinó un golpe en el abdomen del muchacho. A continuación, la puerta de roble de la habitación se abrió bruscamente debido a todo aquel estruendo, y tras ella se encontraban Manel y Madre. El primero fue a apartar a Marcos Alcaraz que se encontraba encima del otro participante. Oscar Duna también se levantó, llevándose el puño a su nariz que comenzaba a gotear sangre. Madre se llevó las manos a la cabeza y comenzó a llorar, dirigiéndose a otra estancia del hostal en busca de un poco de algodón y de alcohol para curar las heridas. Marcos Alcaraz echó un vistazo a sus nudillos, que también se encontraban ensangrentados, pero hizo caso omiso de sus heridas.
La habitación quedo en silencio. Oscar Duna fue con Madre hacia la cocina para curar su nariz, que no tenía nada más que un par de rasguños. Marcos Alcaraz se sentó en su cama conmovido, divisando el desastre que tenía ante sus pies. Manel le hizo compañía:
- Te advertí que no te acercaras a ella.- Dijo el hombre mientras se sentaba a su lado.- Ahora te tiene preso, eres su marioneta.
- Quiero estar sólo Manel.- Dijo sin más. No tenía ganas de hablar, y mucho menos de dar ninguna otra explicación.
El hombre se encogió de hombros y se marchó. Realmente, Marcos Alcaraz se encontraba mal. Un par de lágrimas brotaron de sus ojos color miel sin poder remediarlo. Hacía mucho tiempo que no se desahogaba de esa manera, quizá desde que su hermano Gonzalo lo dejara para siempre con apenas once años.
Denís acudió a la habitación con retraso. Su boca se tornó en una O mayúscula cuando vio toda la habitación desordenada. Con sus delicadas manos, hizo un recogido en su pelo rebelde de reflejos color cereza y comenzó a ordenarlo todo sin mirar a la otra persona que se encontraba con ella en esa estancia. Marcos Alcaraz , sin embargo, no podía apartar la mirada de la muchacha.
- Lo siento, Denís. Lo siento muchísimo. Te prometo que...
- No tenemos nada que hablar.- Interrumpió la joven colocando una lámpara en un armario.
Marcos Alcaraz acudió a ella para ayudarla a recoger su habitación. Sin embargo la muchacha lo apartó diciendo:
- Ve a la cocina a que mi madre te cure esa mano.
- Puedes curármela tú y así hablamos un poco de todo esto. ¿No te parece?
La mirada color esmeralda de Denís chocó con la de Marcos Alcaraz. Ésta pudo divisar en el la nostalgia y tristeza sincera que desprendían sus ojos.
La joven salió de la habitación, y en unos segundos, traía algodón y un hunguento de color verde oscuro. Colocó parte del potingue en uno de sus nudillos. Marcos Alcaraz se quejó debido al escozor. Denís apretó un poco más y éste volvió a quejarse.
- Denís lo siento mucho.- volvió a repetir.- Si hubiera sabido que te habrías enamorado de mi, te prometo que jamás me hubiera acercado a ti y mucho menos, haberte creado ninguna ilusión.- Marcos Alcaraz volvió a quejarse de su puño magullado.
- Siento que te escueza tanto. Si Meg hubiera estado aquí, con sólo una mirada hubiera curado todo esto y no te dolería nada.
- Haré lo que sea para que te encuentres mejor.- Dijo el muchacho sosteniendo las manos a Denís.
La joven se apartó un poco de él, y mordiéndose el labio inferior comenzó a pensar.
- No quiero ver a esa bruja más por aquí.
Marcos Alcaraz arrugó sus puños con parsimonia. Era algo que sabía que no iba a ser capaz de cumplir, lo tenía bastante claro. Suspiró profundamente y Denís pudo percibir que aquella era una cuestión bastante meditada y que podría no tener una respuesta satisfactoria para ella.
- ¿Por qué no la quieres ver?.- Preguntó Marcos Alcaraz intentando que de ese modo, Denís cambiara de actitud.
- Desde que llegó sólo ha traído problemas.- La muchacha colocó un apósito en una de las heridas del joven.
- Desde que Meg llegó sólo ha hecho salvarnos de apuros. Julius iba a ser ahorcado en la plaza principal y ella lo rescató. Creo que le debemos mucho todavía.
- Julius fue liberado porque se demostró que no era culpable.- Denís se incorporó algo furiosa.
- Lo siento Denís.- Respondió Marcos Alcaraz finalmente.- pero sólo dejaré de mantener el contacto con ella si es Meg la que lo desea. Tarde o temprano, lo comprenderás.
sábado, 6 de agosto de 2016
Capítulo 9
Meg se encontraba leyendo un papiro procedente del Corpus Iuris Civilis. El Derecho le apasionaba y era por ello por lo que se había convertido en una de los jueces principales de la isla de Niotramm. Su mirada parda relamía cada una de las líneas escritas en latín. Para ella, el Derecho no era una forma de perder el tiempo, era su estilo de vida.
Alguien desde el otro lado de la estancia donde se encontraba Meg golpeó con suavidad la famosa puerta de roble con decoraciones doradas. Con un sólo "pase", ésta se abrió con suavidad, dejando pasar a un hombre diminuto y delgado, que portaba un paquete. Meg lo miró interesada.
- Ha llegado un paquete para usted.- Dijo el hombre depositando el presente en el escritorio.
Una vez que el individuo se hubo marchado, Meg comenzó a desenvolver el papel marrón que cubría el paquete. Enarcó ambas cejas sorprendida y extendió en alto lo que había en él. Un vestido color añil. Al desplegar los faldones del vestido, una nota cayó en su pie derecho:
- Parte trasera de la Risueña. Cuando la luna esté en lo más alto.
Meg mordió una de sus uñas pensativa. Finalmente no pudo evitar sonreir al divisar quién la firmaba. Al pie de la nota había dos iniciales: M.A
Marcos Alcaraz se encontraba sentado en la hierva húmeda de la parte trasera del hostal. esperaba impaciente. ¿sería Meg capaz de venir? Se encogió de hombros. No le sorprendería nada en absoluto lo que la joven decidiera hacer. Era una caja de sorpresas, o más bien, una caja de misterios. Hacía un rato que media luna lucía en lo más alto del cielo. No era una noche plagada de estrellas en la más inmesa oscuridad, cómo a él le hubiese gustado.
De pronto escuchó unos pasos. Marcos Alcaraz se incorporó un poco. Sabía que fuese lo que fuese, todo aquello era inofensivo.
Pronto, en la oscuridad, pudo apreciar que se trataba de Meg. El muchacho sonrió nada más reconocer que llevaba puesto el vestido que le había regalado aquella misma noche. Corrió hacia ella deslizando sus botas por el roció de la hierva mojada.
-¿Y bien? ¿qué quieres decirme?.- Preguntó Meg. Había cambiado su vestimenta, pero no su desafiante mirada.
- No pasa nada porque dejes de ser antipática un día.- Meg se sorprendió por la osadía que había tenido su acompañante. Marcos Alcaraz la agarró con suavidad de su mano derecha.- Ven, siéntate aquí conmigo.
Permanecieron en un profundo silencio. Meg miraba a sus pies, mientras que aquel joven de cabello rubio ceniza no dejaba de observala. Era verdad que Niotramm se caracterizaba por tener a unas adolescentes bonitas, pero ninguna tenía punto de comparación con aquella que tenía a escasos centímetros de él. Se acercó un poco más a ella. La bruja no se apartó.
- Quiero saber un poco más de ti. Por qué la gente te tiene tanto miedo.
Meg lo miró intrigada. Un puñado de segundos después, decidió desplegar sus sonrosados y carnosos labios:
- Soy diferente a todos ellos. Los seres humanos tiene miedo a lo desconocido. Eso es todo.
-¿ Y tú le tienes miedo a algo?.- el joven no apartaba su mirada color miel del rostro de su compañera.
-¿Debería?
- Todo el mundo le tenemos miedo a algo.- Marcos Alcaraz estiró sus piernas.- Por ejemplo, yo tengo miedo al mar. No sé lo que se esconde ahí debajo.
- ¿ Y a mi no me tienes miedo?.- Era la primera vez que Meg miraba al chico a los ojos en toda la velada.
- ¿Crees que si te tuviera miedo estaría aquí contigo, Meg?.- Marcos Alcaraz mostró una de sus mejores sonrisas procedentes de su flamante dentadura.
El silencio volvió a ocupar sus almas. Meg parecía no pensar en nada y esperaba que el tiempo pasara, aunque tampoco tenía muchas prisas.
- ¿Cómo llegaste hasta aquí?.- Preguntó Marcos Alcaraz preso del silencio de la joven.
- Nací aquí.- Meg no esperó ni tan siquiera un segundo para contestar.
Marcos Alcaraz miró al cielo oscuro carecedor de estrellas. Recordó por un momento aquellas películas que solía ver con Celia, su novia, en la que el chico tenía por costumbre decir: "¿ves esa estrella? ¡ Te la regalo!" y la trama acababa en un sonoroso beso. <<Películas>> pensó Marcos Alcaraz mientras ladeaba la cabeza de un lado a otro. con Meg so no funcionaba. Ni siquiera lo intentaría. quería impresionarla, demostrarle que ella no era superior a todo el mundo como verdaderamente se imaginaba, pero no sabía por qué.
- ¿qué relación tenéis Laila y tú?
- ¿Me estás haciendo un interrogatorio?.- Meg frunció el ceño y se apartó unos centímetros del joven.
- Te he dicho que sólo quiero conocer un poco más de ti. ¿Qué tiene eso de malo?
- Yo no quiero que me conozca nadie. Todo va bien así.- Meg hizo una mueca de disgusto con su nariz.
- ¡Ajá!.- Marcos Alcaraz se incorporó del todo.- Ya se cuál es tu miedo.- Dejó pasar unas décimas de segundos para retomar aire necesario y determinar al fin.- Me tienes miedo a mi.
Meg lo miró estupefacta con las cejas enarcadas y sus ojos color pardos sobresalientes. Lo miró intensamente, como si fuera a lanzar un rayo fulminante y dejarlo pretrificado para siempre. Sin embargo, no le costó mucho trabajo espetar:
- ¿Crees de verdad que una persona con tanto poder encerrado en sí misma tendría miedo de alguien tan insignificante como tú?
Marcos Alcaraz advirtió la crueldad con la que Meg había escupido todas aquellas palabras de su boca. Sin embargo, hizo caso omiso de ellas. Tomó valentía una vez mas y aproximándose a ella lo suficientemente cerca no pudo evitar decir:
- Tienes miedo a esto.- Acto seguido, Marcos Alcaraz tomó el rostro de Meg entre sus manos y la beso en los labios con fuerza. Había deseado durante mucho tiempo que este momento llegase y podría adivinar con cierto prognóstico de fiabilidad las consecuencias que podría acarrear todo aquello. Fueron unas décimas de segundos que al forastero que no llevaba más que un puñado de meses le supieron a gloria.
Cuando Meg recobró la conciencia de todo aquello que esta sucediendo, abrió sus ojos una vez más y empujó al chico con suavidad. Lo miró con crueldad, como si se tratara de un verdugo sin piedad que fuera a aniquilar al último preso de algún calabozo escondido. Respiraba con furia y Marcos Alcaraz venía temiéndose lo peor.
Meg se incorporó recogiéndose sus faldones color añil. Se giró sin emitir ninguna palabra, aunque no era difícil acertar su enfado, pues llevaba los puños agarrotados y sus mejillas encendidas. El chico quiso aproximarse a ella, preguntarle si se encontraba bien o tal vez un "lo siento" por haber tomado la iniciativa de algo que quizá no era del todo correcto. Sin embargo, antes de que pudiera emitir algún paso, aquella bruja gritó desde un puñado de metros:
- ¡Aléjate de mi!
Marcos Alcaraz, por una vez, hizo caso a lo que dijo aquella joven. Pero sí era cierto que estaba muy orgulloso de lo que había sucedido hacía unos momentos. Había hecho algo que nadie se hubiera atrevido a desenvolver, es más, si aquello se lo hubiera planteado a alguien, posiblemente, lo hubieran tomado por un loco o por un necio. aquella bruja que iba sembrando el pánico por dónde sus zapatos de charol pisaban, aquella mujer de mirada desafiante, lo había besado, aunque se tratase de un beso robado. Marcos Alcaraz sonrió para sí. Sin embargo, no pudo evitar dirigir una mirada a un ventanal que se encontraba en la parte trasera de la Risueña. El rostro del chico se ensombreció al divisar a una Denís corriendo un a pesada cortina granate. No había duda de que Denís lo había visto todo, desde el primer momento, hasta, desgraciadamente, el último.
Por su parte, en el ala sur-oeste de la isla de Niotramm, Meg llegó a su alcoba, grande y espaciosa, y se quitó el vestido con furia. Empezó a desgarrarlo y a tirar jirones de aquella tela color azul añil por toda la recámara. Había hecho trizas aquel vestido. A continuación se reflejó en un espejo antiguo que estaba colgado en un rincón, deteniendo su mirada en cada una de las partes de su cuerpo desnudo. Llevó ambas manos a sus ojos y comenzó a llorar desconsoladamente. Toda aquella furia había desencadenado en un mar de agua salda procedente de su mirada color parda. <<No, por favor, otra vez no>> decía para sí. Meg había descubierto que las palabras de Marcos Alcaraz si mostraban ápices de certeza. Verdaderamente, Meg no le tenía miedo al chico. Tenía pánico a volverse a enamorar.
Alguien desde el otro lado de la estancia donde se encontraba Meg golpeó con suavidad la famosa puerta de roble con decoraciones doradas. Con un sólo "pase", ésta se abrió con suavidad, dejando pasar a un hombre diminuto y delgado, que portaba un paquete. Meg lo miró interesada.
- Ha llegado un paquete para usted.- Dijo el hombre depositando el presente en el escritorio.
Una vez que el individuo se hubo marchado, Meg comenzó a desenvolver el papel marrón que cubría el paquete. Enarcó ambas cejas sorprendida y extendió en alto lo que había en él. Un vestido color añil. Al desplegar los faldones del vestido, una nota cayó en su pie derecho:
- Parte trasera de la Risueña. Cuando la luna esté en lo más alto.
Meg mordió una de sus uñas pensativa. Finalmente no pudo evitar sonreir al divisar quién la firmaba. Al pie de la nota había dos iniciales: M.A
Marcos Alcaraz se encontraba sentado en la hierva húmeda de la parte trasera del hostal. esperaba impaciente. ¿sería Meg capaz de venir? Se encogió de hombros. No le sorprendería nada en absoluto lo que la joven decidiera hacer. Era una caja de sorpresas, o más bien, una caja de misterios. Hacía un rato que media luna lucía en lo más alto del cielo. No era una noche plagada de estrellas en la más inmesa oscuridad, cómo a él le hubiese gustado.
De pronto escuchó unos pasos. Marcos Alcaraz se incorporó un poco. Sabía que fuese lo que fuese, todo aquello era inofensivo.
Pronto, en la oscuridad, pudo apreciar que se trataba de Meg. El muchacho sonrió nada más reconocer que llevaba puesto el vestido que le había regalado aquella misma noche. Corrió hacia ella deslizando sus botas por el roció de la hierva mojada.
-¿Y bien? ¿qué quieres decirme?.- Preguntó Meg. Había cambiado su vestimenta, pero no su desafiante mirada.
- No pasa nada porque dejes de ser antipática un día.- Meg se sorprendió por la osadía que había tenido su acompañante. Marcos Alcaraz la agarró con suavidad de su mano derecha.- Ven, siéntate aquí conmigo.
Permanecieron en un profundo silencio. Meg miraba a sus pies, mientras que aquel joven de cabello rubio ceniza no dejaba de observala. Era verdad que Niotramm se caracterizaba por tener a unas adolescentes bonitas, pero ninguna tenía punto de comparación con aquella que tenía a escasos centímetros de él. Se acercó un poco más a ella. La bruja no se apartó.
- Quiero saber un poco más de ti. Por qué la gente te tiene tanto miedo.
Meg lo miró intrigada. Un puñado de segundos después, decidió desplegar sus sonrosados y carnosos labios:
- Soy diferente a todos ellos. Los seres humanos tiene miedo a lo desconocido. Eso es todo.
-¿ Y tú le tienes miedo a algo?.- el joven no apartaba su mirada color miel del rostro de su compañera.
-¿Debería?
- Todo el mundo le tenemos miedo a algo.- Marcos Alcaraz estiró sus piernas.- Por ejemplo, yo tengo miedo al mar. No sé lo que se esconde ahí debajo.
- ¿ Y a mi no me tienes miedo?.- Era la primera vez que Meg miraba al chico a los ojos en toda la velada.
- ¿Crees que si te tuviera miedo estaría aquí contigo, Meg?.- Marcos Alcaraz mostró una de sus mejores sonrisas procedentes de su flamante dentadura.
El silencio volvió a ocupar sus almas. Meg parecía no pensar en nada y esperaba que el tiempo pasara, aunque tampoco tenía muchas prisas.
- ¿Cómo llegaste hasta aquí?.- Preguntó Marcos Alcaraz preso del silencio de la joven.
- Nací aquí.- Meg no esperó ni tan siquiera un segundo para contestar.
Marcos Alcaraz miró al cielo oscuro carecedor de estrellas. Recordó por un momento aquellas películas que solía ver con Celia, su novia, en la que el chico tenía por costumbre decir: "¿ves esa estrella? ¡ Te la regalo!" y la trama acababa en un sonoroso beso. <<Películas>> pensó Marcos Alcaraz mientras ladeaba la cabeza de un lado a otro. con Meg so no funcionaba. Ni siquiera lo intentaría. quería impresionarla, demostrarle que ella no era superior a todo el mundo como verdaderamente se imaginaba, pero no sabía por qué.
- ¿qué relación tenéis Laila y tú?
- ¿Me estás haciendo un interrogatorio?.- Meg frunció el ceño y se apartó unos centímetros del joven.
- Te he dicho que sólo quiero conocer un poco más de ti. ¿Qué tiene eso de malo?
- Yo no quiero que me conozca nadie. Todo va bien así.- Meg hizo una mueca de disgusto con su nariz.
- ¡Ajá!.- Marcos Alcaraz se incorporó del todo.- Ya se cuál es tu miedo.- Dejó pasar unas décimas de segundos para retomar aire necesario y determinar al fin.- Me tienes miedo a mi.
Meg lo miró estupefacta con las cejas enarcadas y sus ojos color pardos sobresalientes. Lo miró intensamente, como si fuera a lanzar un rayo fulminante y dejarlo pretrificado para siempre. Sin embargo, no le costó mucho trabajo espetar:
- ¿Crees de verdad que una persona con tanto poder encerrado en sí misma tendría miedo de alguien tan insignificante como tú?
Marcos Alcaraz advirtió la crueldad con la que Meg había escupido todas aquellas palabras de su boca. Sin embargo, hizo caso omiso de ellas. Tomó valentía una vez mas y aproximándose a ella lo suficientemente cerca no pudo evitar decir:
- Tienes miedo a esto.- Acto seguido, Marcos Alcaraz tomó el rostro de Meg entre sus manos y la beso en los labios con fuerza. Había deseado durante mucho tiempo que este momento llegase y podría adivinar con cierto prognóstico de fiabilidad las consecuencias que podría acarrear todo aquello. Fueron unas décimas de segundos que al forastero que no llevaba más que un puñado de meses le supieron a gloria.
Cuando Meg recobró la conciencia de todo aquello que esta sucediendo, abrió sus ojos una vez más y empujó al chico con suavidad. Lo miró con crueldad, como si se tratara de un verdugo sin piedad que fuera a aniquilar al último preso de algún calabozo escondido. Respiraba con furia y Marcos Alcaraz venía temiéndose lo peor.
Meg se incorporó recogiéndose sus faldones color añil. Se giró sin emitir ninguna palabra, aunque no era difícil acertar su enfado, pues llevaba los puños agarrotados y sus mejillas encendidas. El chico quiso aproximarse a ella, preguntarle si se encontraba bien o tal vez un "lo siento" por haber tomado la iniciativa de algo que quizá no era del todo correcto. Sin embargo, antes de que pudiera emitir algún paso, aquella bruja gritó desde un puñado de metros:
- ¡Aléjate de mi!
Marcos Alcaraz, por una vez, hizo caso a lo que dijo aquella joven. Pero sí era cierto que estaba muy orgulloso de lo que había sucedido hacía unos momentos. Había hecho algo que nadie se hubiera atrevido a desenvolver, es más, si aquello se lo hubiera planteado a alguien, posiblemente, lo hubieran tomado por un loco o por un necio. aquella bruja que iba sembrando el pánico por dónde sus zapatos de charol pisaban, aquella mujer de mirada desafiante, lo había besado, aunque se tratase de un beso robado. Marcos Alcaraz sonrió para sí. Sin embargo, no pudo evitar dirigir una mirada a un ventanal que se encontraba en la parte trasera de la Risueña. El rostro del chico se ensombreció al divisar a una Denís corriendo un a pesada cortina granate. No había duda de que Denís lo había visto todo, desde el primer momento, hasta, desgraciadamente, el último.
Por su parte, en el ala sur-oeste de la isla de Niotramm, Meg llegó a su alcoba, grande y espaciosa, y se quitó el vestido con furia. Empezó a desgarrarlo y a tirar jirones de aquella tela color azul añil por toda la recámara. Había hecho trizas aquel vestido. A continuación se reflejó en un espejo antiguo que estaba colgado en un rincón, deteniendo su mirada en cada una de las partes de su cuerpo desnudo. Llevó ambas manos a sus ojos y comenzó a llorar desconsoladamente. Toda aquella furia había desencadenado en un mar de agua salda procedente de su mirada color parda. <<No, por favor, otra vez no>> decía para sí. Meg había descubierto que las palabras de Marcos Alcaraz si mostraban ápices de certeza. Verdaderamente, Meg no le tenía miedo al chico. Tenía pánico a volverse a enamorar.
domingo, 3 de julio de 2016
Capítulo 8
Denís cosía uno de los botones de la camisa amarillenta de Marcos Alcaraz. El chico odiaba vestir aquella ropa que parecía pertenecer al Medievo, pero no tenía otra opción. La vestimenta fue una de las primeras trabas que la isla le ofreció a él y a su compañero a modo de recibimiento.
Calzó sus botas marrones de antelina y se dispuso a salir de La Risueña dando un sonoroso beso en la frente de la chica. Una vez más, Denís le contestó con un sonrojo. Todas las mañanas lo mismo, la misma monotonía de sonrisas recíprocas o besos en la frente cuando lo que verdaderamente Denís deseaba era que Marcos Alcaraz cambiara el lugar de darle un beso en la mejilla por un beso en los labios.
Denís, sobresaltada, corrió apresuradamente a la puerta que daba lugar a la salida del edificio de madera para evitar que Marcos Alcaraz saliera. Quería decirle algo, pero no sabía el qué. deseaba intercambiar unas palabras distintas a las que siempre había por las mañanas cuando coincidían a la hora del desayuno en la cocina.
Marcos Alacaraz enarcó su ceja derecha reflexivo cuando la vio cruzada de brazos en la puerta, pero no dijo nada. Esperó a que la adolescente tragara saliva y estuviera dispuesta a romper su extraña timidez
- ¿Vendrás hoy a verme a mi habitación?.- Preguntó Denís sin rodeos.
- Claro que sí. ¿quieres hablar de algo?
Denís sacudió la cabeza. sus profundos ojos color esmeralda conectaron con la mirada color miel de Marcos Alcaraz. Se vio a ella misma reflejada en la pupila de la persona que tenía a escasos suspiros de ella. Respiró profundamente armándose de valor y añadió:
- No, no quiero hablar contigo.
Hubo un silencio intimidante. Marcos Alcaraz se acarició la barbilla pensativo con el ceño fruncido. Sabía de antemano que era lo que quería Denís. Probablemente se había enamorado de él, o simplemente querían continuar con el juego que él mismo propuso en su día. Sin embargo, quiso quedarse en silencio y esperar a que ella emitiera sonidos de su pequeña garganta en forma de palabras. Denís era tímida, quizá porque no era más que una adolescente con dieciséis años recién cumplidos y totalmente inexperta. Pero sabía a la perfección que la joven necesitaba un impulso y que él mismo sería idóneo para ayudarla a darlo, pero no a costa de hacerla sufrir.
Por su parte, la chica de larga cabellera cobriza apretó los puños y se mordió el labio inferior con furia. ¿Por qué Marcos Alcaraz no tomaba la iniciativa? A ella le costaba la propia vida sincerarse, cuanto más si se trataba de arrancar palabras de su propio pecho. suspiró temiéndose lo peor. Tenía que arriesgarse o lo perdería todo.
- No vas a venir a verme más, lo sé. Lo que pasó aquel día no volverá a repetirse, ¿no es cierto?
Marcos Alcaraz retrocedió unos pasos. No podía seguir mirándola a los ojos sino provocaba una lágrima en el rostro angelical de Denís. sin embargo, la chica no mostraba ni un ápice de tristeza o nostalgia.
- Creí que quedó claro que sólo pretendía ayudarte...
- Si la solución era que me enamorara de ti, enhorabuena, lo has conseguido.
Marcos Alcaraz enarcó sus cejas sorprendido al mismo tiempo que Denís se llevaba las manos a la boca. no es que se sintiera arrepentida de lo que había dicho, sino más bien que no se creía capaz de hacerlo. Quizá no ganara nada al arriesgar, pero seguramente lo habría perdido todo sino lo hacía. Esperó impaciente la respuesta del receptor que la miraba extrañado.
- Denís ahora tengo prisa. Cuando regrese te prometo que te visitaré y hablaremos esto. ¿De acuerdo?
Una gota de agua salada rodó por la mejilla sonrosada de la joven. No le había prestado ni el más mínimo interés. ahora, estaba todo perdido.
Marcos Alcaraz salió apresurado de La Risueña. Iba tarde a la cita que tenía con Meg. Sinceramente, esperaba que la quedada no fuera muy duradera, que se explicara con brevedad y que en cuestión de un puñado de segundos estuviera de nuevo en su residencia. Pero sobre todo, esperaba que en su explicación, la bruja pidiera algún que otro perdón.
El joven atravesó la plaza principal de Niotramm. Los primeros rayos de Sol comenzaban a aparecer, y era cierto que los niotrenses se despertaban bien temprano para hacer sus quehaceres, pero algo le inquietó de todo aquello. Había mucho revuelo. La muchedumbre gritaba enfurecida con sus puños en alto y desgarrando sus gargantas, algunos de ellos, incluso llevaban herramientas en sus robustas manos. Marcos Alcaraz apartó su flequillo rubio ceniza para poder divisar mejor que es lo que estaba pasando. Nunca le habían interesado mucho aquellos alborotos, pero algo de ello le hacía pensar que debía de prestar atención. Su mirada color miel divisó en la lejanía un escenario de madera y una horca. sus labios formaron una O mayúscula. Miró a la izquierda y vio a una mujer de edad madura gritando más que ningún otro aldeano. Se dirigió hacia ella con paso firme y los puños agarrotados. Por un momento olvidó la cita que tenía con Meg, pues no le tomaría más de unos minutos en interesarse en lo que estaba pasando. La vida de alguien corría peligro en aquella horca.
- ¿Qué pasa?.- Pregunto el joven alarmado.
- ¡Por fin le darán su merecido a ese truan! ¡Muerte a ese loco! ¡Muerte!
- ¿De quién se trata? ¿De qué se le acusa?.- Marcos Alcaraz frunció el ceño. Siempre realizaba esa expresión cuando no entendía nada.
- Es el loco de la Risueña. ¡Así dejará de violar a tantas aldeanas! ¡Muerte!
-¿Julius?.- Los ojos color miel de Marcos Alcaraz parecían querer salirse de sus órbitas. El joven se llevó las manos a la cabeza cuando escuchó a aquella robusta mujer exclamar: ¡¡Muerte a Julius!!
Marcos Alcaraz comenzó a dar vueltas sobre sí mismo. Tenía que hacer algo como fuese. Julius jamás había salido de la Risueña si no era con la compañía de Manel, su hermano, o alguno de ellos. Además, era un chico totalmente inofensivo.
Volvió a dirigir otra de sus miradas suplicantes de piedad a la tarima de madera dónde pronto sucedería todo aquello. Aún el presunto demandado todavía no estaba allí, por lo que Marcos Alcaraz contaba con unos minutos de ventaja para poder sacarlo de dónde se encontrarse. Pero sabía que pronto tendría lugar la ejecución. De pronto, una bombilla parpadeante pareció colocarse en su coronilla. Sonrió para sí. Había tenido una idea flamante.
Desde de una gran caminata corriendo anaeróbicamente, abrió la robusta puerta de madera con decoraciones doradas de un sólo portazo. La persona que se encontraba tras ella se sobresaltó. Marcos Alcaraz por fin pudo retomar el aliento y suspiró aliviado al ver que era Meg quién estaba allí.
- Meg no tengo tiempo...- Susurró el joven entre fuertes respiraciones.
- Sólo quiero pedirte perdón por lo que sucedió el otro día. Me equivoqué. Si puedo hacer algo...
Marcos Alcaraz no permitió que Meg finalizara su frase. La cogió por el puño y empezó a correr. Meg enarcó una de sus cejas perfectamente alineadas pero no hizo amago de apartarse. Recogió sus faldones color azabache en su mano derecha para correr mejor mientras que la izquierda estaba entrelazada con la de su acompañante.
- ¿Dónde se encuentran los presos que van a ser ejecutados pronto?
- En el sótano del palacete. ¿Por qué quieres saber eso?
Marcos Alcaraz volvió a coger impulsó y continuó su carrera hacia allí. Un par de minutos después, habían llegado a los calabozos.
-¿Julius dónde estás? ¿Julius? ¡Soy Marcos, he venido a por ti! ¡Volvemos a casa!
- No entiendo nada. ¿Qué hacemos aquí?.- La voz de Meg se iba endureciendo con el paso de sus palabras.
A continuación, un llanto parecido al de un bebé pero encerrado en el cuerpo de un hombre adulto de treinta años rompió todo aquel silencio. Marcos Alcaraz acudió al sitio de dónde había emergido aquel sonido. En efecto, era Julius. El muchacho se encontraba arrinconado en la celda, con un oso de trapo entre sus manos al cuál apretaba con fuerza.
- Sácalo de aquí, Meg.
- ¿Esta era la prisa que tenías?.- La joven se cruzó de brazos y dirigió una mirada desafiante procedente de sus ojos color pardos.- No puedo hacer nada en su favor. Ni quiero.
- Meg tú lo conoces. Él nunca ha hecho daño a nadie. Sólo sale de la risueña en compañía de alguno de nosotros. Es un disminuido mental, sí, pero que jamás tocaría a nadie.
- Tengo que hacer justicia. Lo siento.- Meg retrocedió unos pasos en dirección a marcharse.
- Aceptaría tu perdón si lo liberas. Además, hace unos momentos decías que harías cualquier cosa por mi para que todo quedara en paz. ¿cierto?
Meg se giró y lo miró desafiante.
- No soy un juez piadoso. Me rijo por el Corpus Iuris Civilis.- Marcos Alcaraz agachó la cabeza creyendo que todo estaba perdido.- Pero sí una mujer de palabra.
Meg hizo un chasquido de dedos y la puerta de la celda se abrió sin ser la cerradura forzada. Julius salió apresuradamente a abrazar a Marcos Alcaraz. En cuestión de unos segundos, Julius desapareció. Marcos Alcaraz se frotó la sien sorprendido por no saber dónde se encontraba el tercer miembro.
- lo he teletransportado al hostal para evitar que pase por la plaza principal - interrumpió Meg sus pensamientos.- cuando vuelvas a tu hogar comprobarás que está sano y salvo. Ya me encargaré de determinar por qué he decidido absolverlo.
Marcos Alcaraz se dirigió hacia ella, agarró su rostro con ambas manos y la besó en la frente.
- Gracias preciosa.
El joven decidió poner rumbo hacia su casa. Por el camino, no pudo evitar sonreir: las mejillas de Meg se habían tornado en un color carmín muy peculiar. La bruja a la que todo el mundo sentía pánico y terror, se había ruborizado.
- No, no quiero hablar contigo.
Hubo un silencio intimidante. Marcos Alcaraz se acarició la barbilla pensativo con el ceño fruncido. Sabía de antemano que era lo que quería Denís. Probablemente se había enamorado de él, o simplemente querían continuar con el juego que él mismo propuso en su día. Sin embargo, quiso quedarse en silencio y esperar a que ella emitiera sonidos de su pequeña garganta en forma de palabras. Denís era tímida, quizá porque no era más que una adolescente con dieciséis años recién cumplidos y totalmente inexperta. Pero sabía a la perfección que la joven necesitaba un impulso y que él mismo sería idóneo para ayudarla a darlo, pero no a costa de hacerla sufrir.
Por su parte, la chica de larga cabellera cobriza apretó los puños y se mordió el labio inferior con furia. ¿Por qué Marcos Alcaraz no tomaba la iniciativa? A ella le costaba la propia vida sincerarse, cuanto más si se trataba de arrancar palabras de su propio pecho. suspiró temiéndose lo peor. Tenía que arriesgarse o lo perdería todo.
- No vas a venir a verme más, lo sé. Lo que pasó aquel día no volverá a repetirse, ¿no es cierto?
Marcos Alcaraz retrocedió unos pasos. No podía seguir mirándola a los ojos sino provocaba una lágrima en el rostro angelical de Denís. sin embargo, la chica no mostraba ni un ápice de tristeza o nostalgia.
- Creí que quedó claro que sólo pretendía ayudarte...
- Si la solución era que me enamorara de ti, enhorabuena, lo has conseguido.
Marcos Alcaraz enarcó sus cejas sorprendido al mismo tiempo que Denís se llevaba las manos a la boca. no es que se sintiera arrepentida de lo que había dicho, sino más bien que no se creía capaz de hacerlo. Quizá no ganara nada al arriesgar, pero seguramente lo habría perdido todo sino lo hacía. Esperó impaciente la respuesta del receptor que la miraba extrañado.
- Denís ahora tengo prisa. Cuando regrese te prometo que te visitaré y hablaremos esto. ¿De acuerdo?
Una gota de agua salada rodó por la mejilla sonrosada de la joven. No le había prestado ni el más mínimo interés. ahora, estaba todo perdido.
Marcos Alcaraz salió apresurado de La Risueña. Iba tarde a la cita que tenía con Meg. Sinceramente, esperaba que la quedada no fuera muy duradera, que se explicara con brevedad y que en cuestión de un puñado de segundos estuviera de nuevo en su residencia. Pero sobre todo, esperaba que en su explicación, la bruja pidiera algún que otro perdón.
El joven atravesó la plaza principal de Niotramm. Los primeros rayos de Sol comenzaban a aparecer, y era cierto que los niotrenses se despertaban bien temprano para hacer sus quehaceres, pero algo le inquietó de todo aquello. Había mucho revuelo. La muchedumbre gritaba enfurecida con sus puños en alto y desgarrando sus gargantas, algunos de ellos, incluso llevaban herramientas en sus robustas manos. Marcos Alcaraz apartó su flequillo rubio ceniza para poder divisar mejor que es lo que estaba pasando. Nunca le habían interesado mucho aquellos alborotos, pero algo de ello le hacía pensar que debía de prestar atención. Su mirada color miel divisó en la lejanía un escenario de madera y una horca. sus labios formaron una O mayúscula. Miró a la izquierda y vio a una mujer de edad madura gritando más que ningún otro aldeano. Se dirigió hacia ella con paso firme y los puños agarrotados. Por un momento olvidó la cita que tenía con Meg, pues no le tomaría más de unos minutos en interesarse en lo que estaba pasando. La vida de alguien corría peligro en aquella horca.
- ¿Qué pasa?.- Pregunto el joven alarmado.
- ¡Por fin le darán su merecido a ese truan! ¡Muerte a ese loco! ¡Muerte!
- ¿De quién se trata? ¿De qué se le acusa?.- Marcos Alcaraz frunció el ceño. Siempre realizaba esa expresión cuando no entendía nada.
- Es el loco de la Risueña. ¡Así dejará de violar a tantas aldeanas! ¡Muerte!
-¿Julius?.- Los ojos color miel de Marcos Alcaraz parecían querer salirse de sus órbitas. El joven se llevó las manos a la cabeza cuando escuchó a aquella robusta mujer exclamar: ¡¡Muerte a Julius!!
Marcos Alcaraz comenzó a dar vueltas sobre sí mismo. Tenía que hacer algo como fuese. Julius jamás había salido de la Risueña si no era con la compañía de Manel, su hermano, o alguno de ellos. Además, era un chico totalmente inofensivo.
Volvió a dirigir otra de sus miradas suplicantes de piedad a la tarima de madera dónde pronto sucedería todo aquello. Aún el presunto demandado todavía no estaba allí, por lo que Marcos Alcaraz contaba con unos minutos de ventaja para poder sacarlo de dónde se encontrarse. Pero sabía que pronto tendría lugar la ejecución. De pronto, una bombilla parpadeante pareció colocarse en su coronilla. Sonrió para sí. Había tenido una idea flamante.
Desde de una gran caminata corriendo anaeróbicamente, abrió la robusta puerta de madera con decoraciones doradas de un sólo portazo. La persona que se encontraba tras ella se sobresaltó. Marcos Alcaraz por fin pudo retomar el aliento y suspiró aliviado al ver que era Meg quién estaba allí.
- Meg no tengo tiempo...- Susurró el joven entre fuertes respiraciones.
- Sólo quiero pedirte perdón por lo que sucedió el otro día. Me equivoqué. Si puedo hacer algo...
Marcos Alcaraz no permitió que Meg finalizara su frase. La cogió por el puño y empezó a correr. Meg enarcó una de sus cejas perfectamente alineadas pero no hizo amago de apartarse. Recogió sus faldones color azabache en su mano derecha para correr mejor mientras que la izquierda estaba entrelazada con la de su acompañante.
- ¿Dónde se encuentran los presos que van a ser ejecutados pronto?
- En el sótano del palacete. ¿Por qué quieres saber eso?
Marcos Alcaraz volvió a coger impulsó y continuó su carrera hacia allí. Un par de minutos después, habían llegado a los calabozos.
-¿Julius dónde estás? ¿Julius? ¡Soy Marcos, he venido a por ti! ¡Volvemos a casa!
- No entiendo nada. ¿Qué hacemos aquí?.- La voz de Meg se iba endureciendo con el paso de sus palabras.
A continuación, un llanto parecido al de un bebé pero encerrado en el cuerpo de un hombre adulto de treinta años rompió todo aquel silencio. Marcos Alcaraz acudió al sitio de dónde había emergido aquel sonido. En efecto, era Julius. El muchacho se encontraba arrinconado en la celda, con un oso de trapo entre sus manos al cuál apretaba con fuerza.
- Sácalo de aquí, Meg.
- ¿Esta era la prisa que tenías?.- La joven se cruzó de brazos y dirigió una mirada desafiante procedente de sus ojos color pardos.- No puedo hacer nada en su favor. Ni quiero.
- Meg tú lo conoces. Él nunca ha hecho daño a nadie. Sólo sale de la risueña en compañía de alguno de nosotros. Es un disminuido mental, sí, pero que jamás tocaría a nadie.
- Tengo que hacer justicia. Lo siento.- Meg retrocedió unos pasos en dirección a marcharse.
- Aceptaría tu perdón si lo liberas. Además, hace unos momentos decías que harías cualquier cosa por mi para que todo quedara en paz. ¿cierto?
Meg se giró y lo miró desafiante.
- No soy un juez piadoso. Me rijo por el Corpus Iuris Civilis.- Marcos Alcaraz agachó la cabeza creyendo que todo estaba perdido.- Pero sí una mujer de palabra.
Meg hizo un chasquido de dedos y la puerta de la celda se abrió sin ser la cerradura forzada. Julius salió apresuradamente a abrazar a Marcos Alcaraz. En cuestión de unos segundos, Julius desapareció. Marcos Alcaraz se frotó la sien sorprendido por no saber dónde se encontraba el tercer miembro.
- lo he teletransportado al hostal para evitar que pase por la plaza principal - interrumpió Meg sus pensamientos.- cuando vuelvas a tu hogar comprobarás que está sano y salvo. Ya me encargaré de determinar por qué he decidido absolverlo.
Marcos Alcaraz se dirigió hacia ella, agarró su rostro con ambas manos y la besó en la frente.
- Gracias preciosa.
El joven decidió poner rumbo hacia su casa. Por el camino, no pudo evitar sonreir: las mejillas de Meg se habían tornado en un color carmín muy peculiar. La bruja a la que todo el mundo sentía pánico y terror, se había ruborizado.
sábado, 2 de julio de 2016
Capítulo 7
Laila trepó por un gran roble. Entre gemidos de cansancio, consiguió llegar a la robusta rama que ella quería. hubiera sido mucho más fácil llamar a la puerta como cualquier persona normal, pero era bien entrada la noche y no quería despertar a ningún habitante de la Risueña. A ninguno, excepto a uno.
Colocó sus faldones bien y llamó a una de las hojas de madera que formaba la ventana de la habitación de Marcos Alcaraz y Oscar Duna. Golpeó sus nudillos en la vieja madera con suavidad y esperó unos instantes.
Finalmente, la ventana se abrió dando paso a un chico de cabello color azabache en ropa interior que se frotaba un ojo bruscamente. Tras ver que a escasos centímetros de él se encontraba una chica sentada en una rama de un frondoso árbol, terminó sonriendo mostrando su deslumbrante sonrisa.
Oscar Duna no dijo nada y depositó su dedo índice en los labios de la joven, dando a entender que tenían que guardar silencio. Aquel le tendió una mano para ayudarla a pasar a dentro.
Laila divisó el lugar donde su compañero dormía todas las noches. Una habitación acogedora decorada con dos camas acolchadas por mantas de colores y un gran armario que presidía la estancia.
Ambos jóvenes se miraron y se fusionaron en un abrazo. Había pasado mucho tiempo desde que sus labios no se rozaban, desde que uno no provocaba una sonrisa en el otro.
-¿Y Marcos?.- preguntó Laila mirando a un lado y a otro.
- La última vez que lo vi estaba con Madre recogiendo la cocina.
Los chicos se sentaron en la cama de Oscar Duna, haciendo que los muelles de ésta chirriaran. Sin duda el colchón y la cama eran bastante antiguos, pero no podía quejarse. Allí se dormía de maravilla.
Oscar Duna tomó las manos de Laila, las cuales se encontraban congeladas.
- ¿Por qué has venido?
- Necesitaba verte.
Oscar Duna sonrió y se inclinó para besarla. En ese mismo momento, la puerta de la habitación se abrió y apareció el otro ocupante de aquella estancia. Marcos Alcaraz, al divisar que su amigo se encontraba en ropa interior, cerró de manera apresurada la puerta. Laila se levantó rápidamente de la cama y dijo en una voz un poco más alta de lo normal:
- Marcos tengo algo para ti.
Oscar Duna enarcó una ceja interesado. La puerta de la habitación volvió a abrirse.
- ¿Para mi?
Laila palpó en uno de los bolsillos de su falda color azul cielo un papel doblado en varias partes de color amarillento. Verificó que era lo que estaba buscando y sonrió aliviada extendiendo la mano para dárselo a su verdadero destinatario.
Marcos alcaraz desplegó la nota intrigado. Allí sólo ponía una dirección. El chico enarcó una ceja sarcástico.
- ¿Me habéis buscado una cita para quedaros libre mi habitación por las noches?
Laila rió estrepitosamente. Sin duda, una de las características que definían a la joven era su escandalosa risa.
- Es en el ala sur-oeste.
Marcos Alcaraz arrugó la nota y la tiró. Solo conocía a una persona que vivía allí.
- De ninguna manera voy a hablar con Meg.
-¿Meg?.- Preguntó Oscar Duna que aún se encontraba sentado en la cama.
- Vamos Marcos, me lo ha dado ella y se enfadará mucho si no vas.
-¿Crees que me importa que se enfade, Laila? No quiero tener el más mínimo trato con tu amiga.
-¿Pero qué es lo que pasa?.- Oscar Duna se levantó cruzándose de brazos.
- Meg me ha dado una nota porque quiere hablar con Marcos.- respondió Laila.
- ¿Has ligado con la bruja?.- Oscar Duna no pudo evitar reirse dando palmadas.
La puerta de la habitación de ambos chicos volvió a abrise una vez más. Esta vez, tras la gran hoja de madera gastada, se encontraba Denís en camisón largo color pastel, que interesada asomaba su cabeza.
- ¿Pasa algo?.- Preguntó la adolescente desde el otro lado de la puerta.
Denís no pudo evitar sonrojarse al ver allí a Marcos Alcaraz. Oscar Duna la invitó a pasar. entre risas le contó lo sucedido al cuarto miembro que había llegado a la habitación. Denís agachó la cabeza pensativa. Cuando todo aquel coloquio pareció que había cesado por unos momentos y que todo volviera a la normalidad, Marcos Alcaraz se dispuso a explicar lo sucedido:
- Esta mañana tuve un enfrentamiento con ella. Desveló cosas de mi pasado que no quiero recordar. Eso es todo.
- ¿Qué cosas?.- A Oscar Duna se le quitaron todas las ganas de continuar riendo.
- Por ejemplo, mi hermano Gonzalo.
-¿qué le pasó a tu hermano?.- Preguntó Denís que era la primera vez que tomaba la palabra en aquella conversación.
- No es el momento de preguntar eso.- susurró Oscar Duna al oído de la adolescente.
El silencio se apoderó de las almas de los cuatro jóvenes. Denís no entendía nada: su cerebro comenzaba a dar vueltas buscando a una explicación a aquello que estaba pasando. ¿Le atraía sexualmente Meg a Marcos? ¿Qué era lo que verdaderamente había pasado con su hermano? La joven sacudió la cabeza intentando alejar aquellos pensamientos que la atormentaban de su mente.
Oscar Duna miró fíjamente a su compañero. Realmente, Meg asustaba al muchacho y él se quería mantener lejos de ella. Pero sabía la consecuencia que podía traer estar a una distancia considerable de aquella bruja y no era otra que perder a Laila. Se mordió el labio pensativo, esperando a que surgiera de la nada una explicación convincente que le quitara ese mal sabor de boca.
Laila entrelazó sus manos esperando a que Marcos Alcaraz respondiera. Recordaba las palabras de esa bruja como si en ese preciso instante se las estuviera susurrando a su oído una vez más: "No vuelvas sin que no te haya dicho que sí". Debía convencer a Marcos Alcaraz de que era obligatorio que acudiese a aquella cita con Meg, aunque verdaderamente no sabía el motivo.
Marcos Alcaraz carraspeó bruscamente. El aire de Niotramm era frío e intenso y había calado sus huesos. Todos esperaban espectantes una respuesta procedente de los labios carnosos del chico. Sacudió la cabeza y revolviendo su flequillo dorado, determinó:
- Iré. Pero sólo con la condición de que esa sea la última vez que la vea.
Todos quedaron en silencio, pero sin embargo, todos pudieron percibir como Laila suspiraba aliviada.
Colocó sus faldones bien y llamó a una de las hojas de madera que formaba la ventana de la habitación de Marcos Alcaraz y Oscar Duna. Golpeó sus nudillos en la vieja madera con suavidad y esperó unos instantes.
Finalmente, la ventana se abrió dando paso a un chico de cabello color azabache en ropa interior que se frotaba un ojo bruscamente. Tras ver que a escasos centímetros de él se encontraba una chica sentada en una rama de un frondoso árbol, terminó sonriendo mostrando su deslumbrante sonrisa.
Oscar Duna no dijo nada y depositó su dedo índice en los labios de la joven, dando a entender que tenían que guardar silencio. Aquel le tendió una mano para ayudarla a pasar a dentro.
Laila divisó el lugar donde su compañero dormía todas las noches. Una habitación acogedora decorada con dos camas acolchadas por mantas de colores y un gran armario que presidía la estancia.
Ambos jóvenes se miraron y se fusionaron en un abrazo. Había pasado mucho tiempo desde que sus labios no se rozaban, desde que uno no provocaba una sonrisa en el otro.
-¿Y Marcos?.- preguntó Laila mirando a un lado y a otro.
- La última vez que lo vi estaba con Madre recogiendo la cocina.
Los chicos se sentaron en la cama de Oscar Duna, haciendo que los muelles de ésta chirriaran. Sin duda el colchón y la cama eran bastante antiguos, pero no podía quejarse. Allí se dormía de maravilla.
Oscar Duna tomó las manos de Laila, las cuales se encontraban congeladas.
- ¿Por qué has venido?
- Necesitaba verte.
Oscar Duna sonrió y se inclinó para besarla. En ese mismo momento, la puerta de la habitación se abrió y apareció el otro ocupante de aquella estancia. Marcos Alcaraz, al divisar que su amigo se encontraba en ropa interior, cerró de manera apresurada la puerta. Laila se levantó rápidamente de la cama y dijo en una voz un poco más alta de lo normal:
- Marcos tengo algo para ti.
Oscar Duna enarcó una ceja interesado. La puerta de la habitación volvió a abrirse.
- ¿Para mi?
Laila palpó en uno de los bolsillos de su falda color azul cielo un papel doblado en varias partes de color amarillento. Verificó que era lo que estaba buscando y sonrió aliviada extendiendo la mano para dárselo a su verdadero destinatario.
Marcos alcaraz desplegó la nota intrigado. Allí sólo ponía una dirección. El chico enarcó una ceja sarcástico.
- ¿Me habéis buscado una cita para quedaros libre mi habitación por las noches?
Laila rió estrepitosamente. Sin duda, una de las características que definían a la joven era su escandalosa risa.
- Es en el ala sur-oeste.
Marcos Alcaraz arrugó la nota y la tiró. Solo conocía a una persona que vivía allí.
- De ninguna manera voy a hablar con Meg.
-¿Meg?.- Preguntó Oscar Duna que aún se encontraba sentado en la cama.
- Vamos Marcos, me lo ha dado ella y se enfadará mucho si no vas.
-¿Crees que me importa que se enfade, Laila? No quiero tener el más mínimo trato con tu amiga.
-¿Pero qué es lo que pasa?.- Oscar Duna se levantó cruzándose de brazos.
- Meg me ha dado una nota porque quiere hablar con Marcos.- respondió Laila.
- ¿Has ligado con la bruja?.- Oscar Duna no pudo evitar reirse dando palmadas.
La puerta de la habitación de ambos chicos volvió a abrise una vez más. Esta vez, tras la gran hoja de madera gastada, se encontraba Denís en camisón largo color pastel, que interesada asomaba su cabeza.
- ¿Pasa algo?.- Preguntó la adolescente desde el otro lado de la puerta.
Denís no pudo evitar sonrojarse al ver allí a Marcos Alcaraz. Oscar Duna la invitó a pasar. entre risas le contó lo sucedido al cuarto miembro que había llegado a la habitación. Denís agachó la cabeza pensativa. Cuando todo aquel coloquio pareció que había cesado por unos momentos y que todo volviera a la normalidad, Marcos Alcaraz se dispuso a explicar lo sucedido:
- Esta mañana tuve un enfrentamiento con ella. Desveló cosas de mi pasado que no quiero recordar. Eso es todo.
- ¿Qué cosas?.- A Oscar Duna se le quitaron todas las ganas de continuar riendo.
- Por ejemplo, mi hermano Gonzalo.
-¿qué le pasó a tu hermano?.- Preguntó Denís que era la primera vez que tomaba la palabra en aquella conversación.
- No es el momento de preguntar eso.- susurró Oscar Duna al oído de la adolescente.
El silencio se apoderó de las almas de los cuatro jóvenes. Denís no entendía nada: su cerebro comenzaba a dar vueltas buscando a una explicación a aquello que estaba pasando. ¿Le atraía sexualmente Meg a Marcos? ¿Qué era lo que verdaderamente había pasado con su hermano? La joven sacudió la cabeza intentando alejar aquellos pensamientos que la atormentaban de su mente.
Oscar Duna miró fíjamente a su compañero. Realmente, Meg asustaba al muchacho y él se quería mantener lejos de ella. Pero sabía la consecuencia que podía traer estar a una distancia considerable de aquella bruja y no era otra que perder a Laila. Se mordió el labio pensativo, esperando a que surgiera de la nada una explicación convincente que le quitara ese mal sabor de boca.
Laila entrelazó sus manos esperando a que Marcos Alcaraz respondiera. Recordaba las palabras de esa bruja como si en ese preciso instante se las estuviera susurrando a su oído una vez más: "No vuelvas sin que no te haya dicho que sí". Debía convencer a Marcos Alcaraz de que era obligatorio que acudiese a aquella cita con Meg, aunque verdaderamente no sabía el motivo.
Marcos Alcaraz carraspeó bruscamente. El aire de Niotramm era frío e intenso y había calado sus huesos. Todos esperaban espectantes una respuesta procedente de los labios carnosos del chico. Sacudió la cabeza y revolviendo su flequillo dorado, determinó:
- Iré. Pero sólo con la condición de que esa sea la última vez que la vea.
Todos quedaron en silencio, pero sin embargo, todos pudieron percibir como Laila suspiraba aliviada.
sábado, 25 de junio de 2016
Capítulo 6
Al día siguiente, la atmósfera en la Risueña había cambiado. Ahora era Oscar duna quien no quería moverse del colchón espumoso de su cama. Únicamente leía y leía, relamiendo cada una de las líneas de sus libros sin prestar atención a nada. En esos momentos hubiera echado en falta unos buenos audífonos para conectarlos a su móvil y escuchar música. Un buen rap en cuya letra pudiera identificar su historia.
Marcos Alcaraz salió aquella mañana temprano. Decidió levantarse más pronto de lo normal para ingerir una tostada a modo de desayuno y dar una vuelta por la isla. Él también necesitaba tomar aire fresco.
En la cocina se encontró a Denís, quién le dirigió una sonrisa nada más verlo entrar por el arco de la puerta. Marcos alcaraz acarició su mejilla. No pudo evitar preguntarle cómo se encontraba después de lo que pasó la tarde anterior. La chica dijo que no tenía ninguna molestia. Ambos sonrieron.
Marcos Alcaraz empezó a pisar la fresca hierva verde del suelo de Niotramm. Amaba la naturaleza, de ahí a que estuviera estudiando biología en la universidad. Se paró a pensar en quién había sido antes de montarse en el trasatlántico: sus estudios de biología ya no le servían para nada, su familia quizá ya hubiera puestos carteles en todas las paredes con su foto y un enorme letrero que pondría "SE BUSCA" y quizá, Celia, su novia, estuviera llorando por él.
Se acerco al lago y bebió un sorbo de agua. El agua sabía a vida. Mojó sus muñecas y se detuvo un instante para contemplar su reflejo. El agua estaba más transparente que nunca, y eso era algo que le fascinaba.
- Aparta.- dijo una voz grave de mujer detrás de él.
Marcos Alcaraz dio un salto sobresaltado y miró a su lado. En efecto, esa voz grave de mujer no podía pertenecer a ninguna otra persona que no fuera ella. Era Meg.
Ésta última se aproximó a la orilla del río para beber un poco de agua El mismo atuendo oscuro de siempre. La misma cabellera castaña con reflejos dorados suelta. Y la misma mirada penetrante.
- Buenos días, Meg.- suspiró Marcos Alcaraz retrocediendo unos pasos para marcharse.
- Buenos para ti después de la tarde tan fantástica que pasaste con Denís.- Respondió Meg sin dejar de mirar al lago y mientras bebía agua.
Marcos Alcaraz se detuvo en seco. Aquellas palabras habían penetrado en su oído y habían producido una voz de alarma en su cerebro. Le desconcertaba que supiera tanto de su vida. Pero tampoco le sorprendía, al fin y al cabo era una bruja y sabría la vida de cualquier habitante de la isla mejor que la suya propia.
- Lo fue.- Marcos Alcaraz emitió una mueca de asco.
- ¿Y cómo lleva Denís el tema de su virginidad?.- Meg se irguió para mirar a su compañero de frente.
Aquellas palabras eran como punzadas en el noble corazón de Marcos Alcaraz. De todos modos, intentó aparentar normalidad.
- Busca en el interior de tus pensamientos. Si sabes que tuve sexo ayer con ella, también sabrás como se encontrará.- El joven se dio la vuelta y comenzó a dar pasos largos. Quería irse de allí como fuera. No deseaba continuar una conversación con una persona como ella.
- Está enamorada de ti.
- No es la única que lo está en esta isla.- Marcos Alcaraz le guiñó un ojo sin detenerse.
Sin duda, Meg había pillado la indirecta. Frunció el ceño molesta y comentó:
- ¿Qué insinúas?- Preguntó Meg arrugando los ojos.
Marcos Alcaraz volvió a suspirar por enésima vez. Toda aquella situación le superaba, Uno de los principales motivos por los que decidió marcharse de España no fue otro que por dejar de dar explicaciones y vivir en la más absoluta indiferencia. Quería vivir lejos de la civilización porque creyó que allí encontraría la paz y felicidad que tanto ansiaba.
- Meg no tengo ganas de darte ninguna explicación. Es más, ni tengo por qué. Deja de molestarme. Por favor.
La joven bruja abrió los ojos pero no mostraba mueca de asombro. Verdaderamente, pudo divisar en la mirada color miel de Marcos Alcaraz que éste se encontraba cansado. Y lo más triste, sólo. Sabía que la nostalgia inundaba su corazón y algo le hacía pensar que su vida pasada no fue fácil.
Se acercó a él sigilosamente y depositó su blanca mano en el hombro derecho de su acompañante. Marcos Alcaraz sonrió por el afecto, pero ella no emitió ninguna expresión.
- Tu hermano está bien.
- ¿qué sabes de mi hermano, Meg?.- El chico apartó aquella mano blanquecina de su hombro.- Es imposible que esté bien porque...
- ...Porque murió. Murió en un accidente de coche donde tu eras el copiloto. Apenas tenía once años, ¿verdad?
Los ojos de Marcos Alcaraz se inundaron de lágrimas. todo aquello era cierto. Había perdido a su hermano en un período de tiempo menor de un año y no podía evitar culparse de ello. Una lágrima comenzó a rodar por su mejilla. No era por el recuerdo, era porque una persona como Meg le estaba haciendo recordar algo que deseaba apartar de su pensamiento de por vida. Esa era la verdadera razón por la que decidió acudir a la Niotramm. Sabía de antemano que para sus padres sería doloroso perder a otro hijo, el único que le quedaba. Pero también debían de comprender que se estaba ahogando entre los modernos edificios que rodeaban su casa, que el aire contaminado de las fábricas encharcaba sus pulmones y que, cada vez que entraba en la habitación de su hermano menor decorada con aviones que ambos habían fabricado juntos, provocaba, que por algunos instantes, su corazón dejara de palpitar.
Marcos Alcaraz tragó saliva. Meg lo miraba impaciente esperando alguna contestación. El muchacho respiró hondo y se marchó.
Marcos Alcaraz salió aquella mañana temprano. Decidió levantarse más pronto de lo normal para ingerir una tostada a modo de desayuno y dar una vuelta por la isla. Él también necesitaba tomar aire fresco.
En la cocina se encontró a Denís, quién le dirigió una sonrisa nada más verlo entrar por el arco de la puerta. Marcos alcaraz acarició su mejilla. No pudo evitar preguntarle cómo se encontraba después de lo que pasó la tarde anterior. La chica dijo que no tenía ninguna molestia. Ambos sonrieron.
Marcos Alcaraz empezó a pisar la fresca hierva verde del suelo de Niotramm. Amaba la naturaleza, de ahí a que estuviera estudiando biología en la universidad. Se paró a pensar en quién había sido antes de montarse en el trasatlántico: sus estudios de biología ya no le servían para nada, su familia quizá ya hubiera puestos carteles en todas las paredes con su foto y un enorme letrero que pondría "SE BUSCA" y quizá, Celia, su novia, estuviera llorando por él.
Se acerco al lago y bebió un sorbo de agua. El agua sabía a vida. Mojó sus muñecas y se detuvo un instante para contemplar su reflejo. El agua estaba más transparente que nunca, y eso era algo que le fascinaba.
- Aparta.- dijo una voz grave de mujer detrás de él.
Marcos Alcaraz dio un salto sobresaltado y miró a su lado. En efecto, esa voz grave de mujer no podía pertenecer a ninguna otra persona que no fuera ella. Era Meg.
Ésta última se aproximó a la orilla del río para beber un poco de agua El mismo atuendo oscuro de siempre. La misma cabellera castaña con reflejos dorados suelta. Y la misma mirada penetrante.
- Buenos días, Meg.- suspiró Marcos Alcaraz retrocediendo unos pasos para marcharse.
- Buenos para ti después de la tarde tan fantástica que pasaste con Denís.- Respondió Meg sin dejar de mirar al lago y mientras bebía agua.
Marcos Alcaraz se detuvo en seco. Aquellas palabras habían penetrado en su oído y habían producido una voz de alarma en su cerebro. Le desconcertaba que supiera tanto de su vida. Pero tampoco le sorprendía, al fin y al cabo era una bruja y sabría la vida de cualquier habitante de la isla mejor que la suya propia.
- Lo fue.- Marcos Alcaraz emitió una mueca de asco.
- ¿Y cómo lleva Denís el tema de su virginidad?.- Meg se irguió para mirar a su compañero de frente.
Aquellas palabras eran como punzadas en el noble corazón de Marcos Alcaraz. De todos modos, intentó aparentar normalidad.
- Busca en el interior de tus pensamientos. Si sabes que tuve sexo ayer con ella, también sabrás como se encontrará.- El joven se dio la vuelta y comenzó a dar pasos largos. Quería irse de allí como fuera. No deseaba continuar una conversación con una persona como ella.
- Está enamorada de ti.
- No es la única que lo está en esta isla.- Marcos Alcaraz le guiñó un ojo sin detenerse.
Sin duda, Meg había pillado la indirecta. Frunció el ceño molesta y comentó:
- ¿Qué insinúas?- Preguntó Meg arrugando los ojos.
Marcos Alcaraz volvió a suspirar por enésima vez. Toda aquella situación le superaba, Uno de los principales motivos por los que decidió marcharse de España no fue otro que por dejar de dar explicaciones y vivir en la más absoluta indiferencia. Quería vivir lejos de la civilización porque creyó que allí encontraría la paz y felicidad que tanto ansiaba.
- Meg no tengo ganas de darte ninguna explicación. Es más, ni tengo por qué. Deja de molestarme. Por favor.
La joven bruja abrió los ojos pero no mostraba mueca de asombro. Verdaderamente, pudo divisar en la mirada color miel de Marcos Alcaraz que éste se encontraba cansado. Y lo más triste, sólo. Sabía que la nostalgia inundaba su corazón y algo le hacía pensar que su vida pasada no fue fácil.
Se acercó a él sigilosamente y depositó su blanca mano en el hombro derecho de su acompañante. Marcos Alcaraz sonrió por el afecto, pero ella no emitió ninguna expresión.
- Tu hermano está bien.
- ¿qué sabes de mi hermano, Meg?.- El chico apartó aquella mano blanquecina de su hombro.- Es imposible que esté bien porque...
- ...Porque murió. Murió en un accidente de coche donde tu eras el copiloto. Apenas tenía once años, ¿verdad?
Los ojos de Marcos Alcaraz se inundaron de lágrimas. todo aquello era cierto. Había perdido a su hermano en un período de tiempo menor de un año y no podía evitar culparse de ello. Una lágrima comenzó a rodar por su mejilla. No era por el recuerdo, era porque una persona como Meg le estaba haciendo recordar algo que deseaba apartar de su pensamiento de por vida. Esa era la verdadera razón por la que decidió acudir a la Niotramm. Sabía de antemano que para sus padres sería doloroso perder a otro hijo, el único que le quedaba. Pero también debían de comprender que se estaba ahogando entre los modernos edificios que rodeaban su casa, que el aire contaminado de las fábricas encharcaba sus pulmones y que, cada vez que entraba en la habitación de su hermano menor decorada con aviones que ambos habían fabricado juntos, provocaba, que por algunos instantes, su corazón dejara de palpitar.
Marcos Alcaraz tragó saliva. Meg lo miraba impaciente esperando alguna contestación. El muchacho respiró hondo y se marchó.
viernes, 24 de junio de 2016
Capítulo 5
Oscar Duna decidió salir a dar una vuelta. A pesar de la apariencia acogedora de La Risueña, no podía aguantar estar más tiempo entre esos cuatro jirones de madera. Necesitaba que ese aire misterioso que conformaba la atmósfera de Niotramm revolviera su cabello color azabache y que inundara sus pulmones.
Habían pasado nada más y nada menos que tres meses, y la primavera comenzaba a hacer sus primeras apariciones, soltando algún arco-iris después de una tormenta o dejando canturrear algún que otro pájaro que anidaban en cada uno de los árboles.
En estos tres meses, las circunstancias en la Risueña habían cambiado considerablemente. Laila no se dejó ver más por la residencia de los jóvenes, lo cual enfurecía a éste último. Por otra parte, Marcos Alcaraz andaba sumido en sus pensamientos, siempre encerrado en su habitación doble. La desesperación de saber que Niotramm no era su sitio comenzaba a inundar su cabeza, y su corazón añoraba los cálidos abrazos de su familia y de aquella novia que había sido rechazada por el Consejo Supremo para que pudiera acudir a la isla.
Un atardecer, Denís acudió con sigilo a la habitación de Marcos Alcaraz. Se aseguró que su cabello color fuego no estuviera tan rebelde como de costumbre, y que sus chispeantes ojos color esmeralda estuvieran más claros que nunca. Con la excusa de traer un tazón de leche con una porción de tarta de vainilla, decidió subir cada uno de los peldaños de la robusta escalera en forma de caracol que separaba la habitación de Marcos Alcaraz de la suya.
La joven entró despacio, procurando no hacer ruido al cerrar la puerta. no pudo evitar que la bandeja que llevaba en sus manos temblara un poco cuando sus ojos verdes divisaron a Marcos Alcaraz tendido en su cama tomando una siesta con el torso desnudo. Denís pensó que si los ángeles existían, el joven que tenía a escasos metros de ella, debería de ser lo más parecido a uno de ellos.
Denís esbozó una media sonrisa que implicaba síntomas de ternura. Nunca había estado enamorada de nadie, pero creía que si enamorarse era lo que ella sentía por Marcos Alcaraz, entonces verdaderamente lo estaba. Se sentó ciudadosamente en los pies de la cama, depositando a un lado la merienda y con ternura acarició el brazo musculado del chico para despertarlo.
Marcos Alcaraz abrió un ojo y luego el otro y pudo ver entre parpadeos a Denís sonriendo. Éste le devolvió la sonrisa y le acarició la mejilla, notando como los vellos de la piel de la chica se erizaban. Marcos Alcaraz volvió a sonreir.
- ¿Qué haces aquí pequeña?
- Te he traído algo de comer. No has salido de aquí en todo el día.- Respondió Denís, haciendo caso omiso de que la había llamado "pequeña". Odiaba ese calificativo, pero viniendo de él, le encantaba.
- Hiciste bien. Tenía ganas de verte, ¿lo sabes?
Denís agrandó sus ojos, y no puedo evitar que sus labios formaran una O. Marcos Alcaraz volvió a emitir una vez más una sonrisa. Denís no pudo emitir ninguna palabra. Era cierto que su timidez era uno de los tantos adjetivos que la describían, pero cuando se encontraba a escasos centímetros de él, ésta se potenciaba.
- ¿Por qué no quieres salir de aquí? ¿Qué es lo que te pasa?.- Preguntó Denís armándose de valentía y decidiendo romper ese silencio.
- Echo de menos muchas cosas Denís. Quizá no lo comprendas porque has vivido toda tu vida aquí.- Respondió el muchacho incorporándose.- Familia amigos...
- Y a tu novia, ¿no es cierto?
- Sí Denís.- El rostro de Marcos Alcaraz se volvió serio.
- ¿Y cómo es estar con alguien?.- Preguntó Denís interesada.
- No se puede describir. Es... es un cúmulo de sensaciones distintas: alegría-tristeza, ternura-pasión...
Denís no apartaba su mirada de los labios carnosos y sonrosados de Marcos Alcaraz. Sin poder evitarlo, se aproximó a él lentamente y lo besó. La chica arrugó los ojos con fuerza implorando al cielo que el joven no se apartara de ella. Para su sorpresa, Marcos Alcaraz no hizo ningún ademán de apartarse y siguió el juego de sus labios.
Denís se apartó bruscamente y giró su cabeza. El chico la agarró por el brazo con una sonrisa flamante y la acercó a él.
- ¿Es la primera vez que besas a alguien?- Denís afirmó con la cabeza.
- Pues lo haces de maravilla.- Acto seguido, Marcos tomó la iniciativa, se acercó a la joven y la besó siguiendo el juego de unos besos inexpertos pero que a él le sabían a gloria. Tras varios minutos así, Marcos se apartó para continuar una conversación.
- ¿Por qué nunca has besado a ningún chico? ¿Es que tienes dudas acerca de tu orientación sexual?
- Sé que me gustan los hombres. Pero nunca he tenido la oportunidad de conocer alguno.- Respondió Denís cabizbaja, colocando un mechón de su larga cabellera rojiza en el sitio adecuado.- Apenas he salido de aquí, y cuando lo he hecho, sólo ha sido de la mano de algunas amigas que hoy ya ni se acuerdan de mi.- la nostalgia inundó el corazón de la joven.- Mi madre aún me ve como a una niña pequeña.
- Yo no te veo así. Tienes unas curvas preciosas Denís.
- ¿Quieres verlas?.- Denís no pudo evitar hacer esa pregunta tan espontánea y llevó ambas manos a su boca.
- Sé lo que pretendes.- El muchacho soltó una pequeña risa.- quieres quitarte la vergüenza para conocer a otros chicos ¿verdad?.- Denís volvió a asentir con la cabeza, aunque esa no era la verdadera razón por la cual le había dicho eso.- Pero no creo que esa sea la solución. No se verdaderamente como va el tema de la virginidad aquí, si está mal visto o no.
- ¿Virginidad?.- Preguntó Denís frunciendo el ceño.
- Bueno, si me querías enseñar tu cuerpo desnudo es por eso ¿no?.- Marcos Alcaraz se llevó las manos a la cabeza.- Lo siento Denís.- resopló.- Hace mucho tiempo que no tengo sexo y todo lo relaciono con eso.
Marcos alcaraz se volvió a apartar un poco de la joven. Denís se mordió el labio inferior pensativa. Tenía dieciséis años recién cumplidos. Quizá sería la mejor persona con la que poder perder la virginidad y así sería mucho más sociable y tendría novio. Aunque verdaderamente al único hombre que quería era a él, y todos los demás le daban igual. Sabía que el tema de la virginidad era una cosa importante, pero se encontraba preparada para ello. Respiró profundo, inundó sus rosados pulmones de aire y dijo:
- ¿Tendrías sexo conmigo?
Marcos Alcaraz enarcó sus cejas.
- ¿Es eso lo que quieres?
- Sí.
Se produjo un silencio intimidante.
- No quiero hacerte daño Denís. La virginidad es una cosa importante, y quizá yo no soy el hombre de tus sueños.
- Estoy preparada.- interrumpió la chica.
Marcos Alcaraz miró hacia un lado y a otro de la habitación. Se levantó de su cama asegurándose que la puerta de la habitación estaba cerrada. Acto seguido se dirigió hacia un pequeño armario que se encontraba en el lado izquierdo de la cama de su compañero y extrajo de él una pequeña bolsa plateada.
-¿Qué es eso?
- Un preservativo. Sirve para no quedarte embarazada.- Marcos Alcaraz emitió una vez más una sonrisa.- ¿Preparada?
Denís comenzó a desvestirse lentamente al mismo tiempo que Marcos Alcaraz corría un poco las cortinas para que la oscuridad inundara un poco su habitación, pero dejando que unos rayos de sol penetraran por las rendijas de las ventanas para que pudiera visualizar el cuerpo de la joven. Comenzó a observar pensativo los movimientos de Denís. Verdaderamente, cuando habló de su cuerpo no se equivocaba. Tenía un cuerpo demasiado bonito para estar siempre cubierto por esos vestidos antiguos. Se aproximó a ella y la rodeó por la cintura. Denís, nerviosa, acarició el torso desnudo de su amado y comenzó a besarlo. Marcos Alcaraz jugueteó con su pelo, al mismo tiempo que su mano derecha acariciaba un seno. La piel de la joven se erizó y Marcos Alcaraz no pudo evitar dar un pequeño mordisco a su labio inferior.
Tras unos breves instantes, el joven dirigió una mirada procedente de sus ojos color miel hacia el preservativo de la mesilla de noche de Oscar Duna. Abrió el paquete y lo colocó en su pene erecto. Denís, desde la cama, lo observaba todo impaciente. Marcos Alcaraz, en silencio, se aproximó a ella, y comenzó a hacer movimientos circulares en su crítolis. Denís sonrió. Pensaba que sería doloroso, como siempre había escuchado, pero aquello le gustaba. Marcos introdujo su dedo índice en la vagina de su amiga. La chica dio un grito ahogado.
- ¿Te duele?
Denís no respondió, pero el muchacho pudo ver que la joven ladeaba con la cabeza. Introdujo el dedo una vez más y Denís no se volvió a quejar. Marcos Alcaraz cambió de postura y entonces introdujo con suavedad su pene. Poco a poco. Lentamente. Denís apretó los dientes y una lágrima de agua salada rodó por su mejilla izquierda. Marcos Alcaraz volvió a cometer la misma actuación. Sacó el pene y lo volvió a introducir en la vagina, pero estaba vez algo más rápido.
- Lo estás haciendo muy bien pequeña. Si te duele, sólo tienes que decírmelo, y pararé.
Denís comenzó a moverse, lo cuál sorprendió al chico, pues pensaba que permanecería quieta durante todo el acto a causa del dolor.
Tras varios minutos, Marcos Alcaraz introdujo por última vez su pene erecto y lo dejo dentro de su vagina. Gimió profundamente. A continuación se levantó y descorrió un poco las cortinas para que entrara más luz. Quitó el preservativo usado y lo puso en alto. Denís enarcó una ceja desde la cama.
- Es para ver si estaba roto. Pero todo está perfectamente.- Dijo Marcos Alcaraz guiñando un ojo.
Denís se levantó de su sitio y rodeó a Marcos por la espalda. El chico no se apartó y le dio un sonoroso beso en los labios. Ambos dirigieron una mirada hacia el lugar donde había tenido lugar todo aquello. Denís se estremeció al ver una mancha de sangre en el centro de la cama.
- No te preocupes, es normal que hayas sangrado..- Aclaró Marcos Alcaraz arrugando las sábanas.
- ¿Sangraré cada vez que haga el amor?
- No pequeña.- Marcos acarició la barbilla de la joven.- Tira esto en algún lugar donde tu madre no lo pueda ver, sino se dará cuenta de lo que ha ocurrido.
Denís sonrió, comenzó a vestirse apresuradamente. Marcos la detuvo para darle un beso en la frente. Denís cerró los ojos, no quería despertar de ese sueño.
Oscar Duna se apresuró hacia la plaza del pueblo. Desde la lejanía había escuchado instrumentos sonar junto con el jaleo de la muchedumbre y supuso que habría fiesta. Necesitaba desconectar un poco de La Risueña. Ya apenas hablaba con mucho de sus huéspedes y la relación con su mejor amigo se había enfriado. Pensaba que si permanecía un segundo más sin ver la luz del sol dentro de ese viejo hostal, se volvería loco y lleno de nostalgia al igual que su amigo.
Comezó a dar por los adoquines de la plaza principal de Niotramm. Se aproximó a una taberna que se encontraba al aire libre y pidió una bebida. "Algo fuerte por favor" dijo sin más al tabernero. Éste, al mismo tiempo que limpiaba una de tantas jarras, le sirvió una bebida espumosa. Oscar Duna se la bebió de un trago y pidió otra. Esta vez se la sirvió una joven de pelo cobrizo recogido en un moño alto. Tenía unos ojos negros preciosos. Pero lo que más le gustaba de ella eran sus cejas que le daban un toque pícaro a su cara.
- ¿Cómo te llamas?.- Preguntó Oscar Duna entre sorbo y sorbo.
- Tiana.- contestó sonriendo la joven mientras pasaba un trapo recogiendo los restos de alcohol de la barra.
- Tienes un nombre muy bonito. ¿Quieres bailar?
La chica miró a un lado y a otro, y encogiéndose de hombros dijo.
- Me encantaría, pero estoy casada.
Oscar Duna resopló y se giró para poder contemplar el espectáculo. Los hombres bailaban y bebían y las mujeres más bonitas de Niotramm habían salido a lucir sus mejores galas. Pero su mirada oscura se detuvo en un punto en la lejanía. Concretamente en una chica apoyada en un banco de piedra que observaba cada uno de los bailes. Llevaba su cabello rubio que caía como una cascada fina sobre sus hombros. Reconocería esos ojos azules color océano en cualquier parte del mundo. La joven también se dio cuenta de su presencia y éste fue en su busca.
Se acercó a ella y tomó asiento a su lado, sin dejar la jarra de bebida espumosa. Tomó un sorbo y la miró de reojo. Laila estaba inquieta sin apartar la mirada del suelo. Finalmente sus miradas se entrecruzaron.
- ¿Por qué no has vuelto a dar señales de vida?.- Preguntó Oscar Duna mirándola fijamente a los ojos.
La joven lo miró y volvió a agachar la cabeza una vez más. Pudo verse reflejada en el iris de su acompañante. Se inundaron sus ojos color océanos de lágrimas pero logró retenerlas por unos instantes.
- No quería causaros problemas, Oscar.- Respondió Laila con un hilo de voz.
- ¿Tienes algo que ver con esa bruja? ¿Es amiga tuya o algo?
De nuevo silencio. Laila pasó la lengua por sus labios y entrelazó ambas manos. Intentaba que una excusa buena apareciera en su mente lo más rápido posible. Pero no obtuvo respuesta.
- ¿Queréis algo de nosotros? ¿Qué coño es lo que pasa?.- Oscar Duna se sobresaltó. Laila lo miró observando como sus mejillas se iban tornando en un color carmesí.- Eras muy importante para mi Laila.- Dio énfasis en la palabra "eras".- Pero me has fallado.
- No te he fallado Oscar, te estoy haciendo un favor.
- ¿Bromeas?.- Interrumpió el chico.- ¿Un favor es apartarte de mi lado?
Se volvió a crear el silencio. Oscar Duna se levantó y se puso de frente a su compañera. Ésta lo miraba a los ojos. Podían escucharse los pálpitos del corazón de Laila en cualquier parte de la isla.
- Creo que esta conversación está más que finalizada.- Dijo Oscar tirando la jarra a un lado.- Creo que no eres buena. No me fío de ti.
- ¿alguna vez te he dado motivos para qué desconfíes de mi?.- Preguntó la joven sobresaltada.
- No sé nada de ti Laila. No sé ni quienes son tus padres, ni que relación guardas con la perra esa. Y en cambio tú lo sabes todo de mi.
- ¡No la llames así! Meg no es mala.- Laila se llevó las manos as la cabeza. Oscar Duna enarcó una ceja.- Es una amiga, Oscar. Una muy buena amiga. Pero por diferentes circunstancias pues reacciona de una manera un tanto extraña. Pero no os haría daño nunca.
Oscar Duna resopló enfurecido. Dio una patada a la jarra que se encontraba en el suelo. Y con las manos en los bolsillos suspiró:
- No te creo Laila. No te creo.
Habían pasado nada más y nada menos que tres meses, y la primavera comenzaba a hacer sus primeras apariciones, soltando algún arco-iris después de una tormenta o dejando canturrear algún que otro pájaro que anidaban en cada uno de los árboles.
En estos tres meses, las circunstancias en la Risueña habían cambiado considerablemente. Laila no se dejó ver más por la residencia de los jóvenes, lo cual enfurecía a éste último. Por otra parte, Marcos Alcaraz andaba sumido en sus pensamientos, siempre encerrado en su habitación doble. La desesperación de saber que Niotramm no era su sitio comenzaba a inundar su cabeza, y su corazón añoraba los cálidos abrazos de su familia y de aquella novia que había sido rechazada por el Consejo Supremo para que pudiera acudir a la isla.
Un atardecer, Denís acudió con sigilo a la habitación de Marcos Alcaraz. Se aseguró que su cabello color fuego no estuviera tan rebelde como de costumbre, y que sus chispeantes ojos color esmeralda estuvieran más claros que nunca. Con la excusa de traer un tazón de leche con una porción de tarta de vainilla, decidió subir cada uno de los peldaños de la robusta escalera en forma de caracol que separaba la habitación de Marcos Alcaraz de la suya.
La joven entró despacio, procurando no hacer ruido al cerrar la puerta. no pudo evitar que la bandeja que llevaba en sus manos temblara un poco cuando sus ojos verdes divisaron a Marcos Alcaraz tendido en su cama tomando una siesta con el torso desnudo. Denís pensó que si los ángeles existían, el joven que tenía a escasos metros de ella, debería de ser lo más parecido a uno de ellos.
Denís esbozó una media sonrisa que implicaba síntomas de ternura. Nunca había estado enamorada de nadie, pero creía que si enamorarse era lo que ella sentía por Marcos Alcaraz, entonces verdaderamente lo estaba. Se sentó ciudadosamente en los pies de la cama, depositando a un lado la merienda y con ternura acarició el brazo musculado del chico para despertarlo.
Marcos Alcaraz abrió un ojo y luego el otro y pudo ver entre parpadeos a Denís sonriendo. Éste le devolvió la sonrisa y le acarició la mejilla, notando como los vellos de la piel de la chica se erizaban. Marcos Alcaraz volvió a sonreir.
- ¿Qué haces aquí pequeña?
- Te he traído algo de comer. No has salido de aquí en todo el día.- Respondió Denís, haciendo caso omiso de que la había llamado "pequeña". Odiaba ese calificativo, pero viniendo de él, le encantaba.
- Hiciste bien. Tenía ganas de verte, ¿lo sabes?
Denís agrandó sus ojos, y no puedo evitar que sus labios formaran una O. Marcos Alcaraz volvió a emitir una vez más una sonrisa. Denís no pudo emitir ninguna palabra. Era cierto que su timidez era uno de los tantos adjetivos que la describían, pero cuando se encontraba a escasos centímetros de él, ésta se potenciaba.
- ¿Por qué no quieres salir de aquí? ¿Qué es lo que te pasa?.- Preguntó Denís armándose de valentía y decidiendo romper ese silencio.
- Echo de menos muchas cosas Denís. Quizá no lo comprendas porque has vivido toda tu vida aquí.- Respondió el muchacho incorporándose.- Familia amigos...
- Y a tu novia, ¿no es cierto?
- Sí Denís.- El rostro de Marcos Alcaraz se volvió serio.
- ¿Y cómo es estar con alguien?.- Preguntó Denís interesada.
- No se puede describir. Es... es un cúmulo de sensaciones distintas: alegría-tristeza, ternura-pasión...
Denís no apartaba su mirada de los labios carnosos y sonrosados de Marcos Alcaraz. Sin poder evitarlo, se aproximó a él lentamente y lo besó. La chica arrugó los ojos con fuerza implorando al cielo que el joven no se apartara de ella. Para su sorpresa, Marcos Alcaraz no hizo ningún ademán de apartarse y siguió el juego de sus labios.
Denís se apartó bruscamente y giró su cabeza. El chico la agarró por el brazo con una sonrisa flamante y la acercó a él.
- ¿Es la primera vez que besas a alguien?- Denís afirmó con la cabeza.
- Pues lo haces de maravilla.- Acto seguido, Marcos tomó la iniciativa, se acercó a la joven y la besó siguiendo el juego de unos besos inexpertos pero que a él le sabían a gloria. Tras varios minutos así, Marcos se apartó para continuar una conversación.
- ¿Por qué nunca has besado a ningún chico? ¿Es que tienes dudas acerca de tu orientación sexual?
- Sé que me gustan los hombres. Pero nunca he tenido la oportunidad de conocer alguno.- Respondió Denís cabizbaja, colocando un mechón de su larga cabellera rojiza en el sitio adecuado.- Apenas he salido de aquí, y cuando lo he hecho, sólo ha sido de la mano de algunas amigas que hoy ya ni se acuerdan de mi.- la nostalgia inundó el corazón de la joven.- Mi madre aún me ve como a una niña pequeña.
- Yo no te veo así. Tienes unas curvas preciosas Denís.
- ¿Quieres verlas?.- Denís no pudo evitar hacer esa pregunta tan espontánea y llevó ambas manos a su boca.
- Sé lo que pretendes.- El muchacho soltó una pequeña risa.- quieres quitarte la vergüenza para conocer a otros chicos ¿verdad?.- Denís volvió a asentir con la cabeza, aunque esa no era la verdadera razón por la cual le había dicho eso.- Pero no creo que esa sea la solución. No se verdaderamente como va el tema de la virginidad aquí, si está mal visto o no.
- ¿Virginidad?.- Preguntó Denís frunciendo el ceño.
- Bueno, si me querías enseñar tu cuerpo desnudo es por eso ¿no?.- Marcos Alcaraz se llevó las manos a la cabeza.- Lo siento Denís.- resopló.- Hace mucho tiempo que no tengo sexo y todo lo relaciono con eso.
Marcos alcaraz se volvió a apartar un poco de la joven. Denís se mordió el labio inferior pensativa. Tenía dieciséis años recién cumplidos. Quizá sería la mejor persona con la que poder perder la virginidad y así sería mucho más sociable y tendría novio. Aunque verdaderamente al único hombre que quería era a él, y todos los demás le daban igual. Sabía que el tema de la virginidad era una cosa importante, pero se encontraba preparada para ello. Respiró profundo, inundó sus rosados pulmones de aire y dijo:
- ¿Tendrías sexo conmigo?
Marcos Alcaraz enarcó sus cejas.
- ¿Es eso lo que quieres?
- Sí.
Se produjo un silencio intimidante.
- No quiero hacerte daño Denís. La virginidad es una cosa importante, y quizá yo no soy el hombre de tus sueños.
- Estoy preparada.- interrumpió la chica.
Marcos Alcaraz miró hacia un lado y a otro de la habitación. Se levantó de su cama asegurándose que la puerta de la habitación estaba cerrada. Acto seguido se dirigió hacia un pequeño armario que se encontraba en el lado izquierdo de la cama de su compañero y extrajo de él una pequeña bolsa plateada.
-¿Qué es eso?
- Un preservativo. Sirve para no quedarte embarazada.- Marcos Alcaraz emitió una vez más una sonrisa.- ¿Preparada?
Denís comenzó a desvestirse lentamente al mismo tiempo que Marcos Alcaraz corría un poco las cortinas para que la oscuridad inundara un poco su habitación, pero dejando que unos rayos de sol penetraran por las rendijas de las ventanas para que pudiera visualizar el cuerpo de la joven. Comenzó a observar pensativo los movimientos de Denís. Verdaderamente, cuando habló de su cuerpo no se equivocaba. Tenía un cuerpo demasiado bonito para estar siempre cubierto por esos vestidos antiguos. Se aproximó a ella y la rodeó por la cintura. Denís, nerviosa, acarició el torso desnudo de su amado y comenzó a besarlo. Marcos Alcaraz jugueteó con su pelo, al mismo tiempo que su mano derecha acariciaba un seno. La piel de la joven se erizó y Marcos Alcaraz no pudo evitar dar un pequeño mordisco a su labio inferior.
Tras unos breves instantes, el joven dirigió una mirada procedente de sus ojos color miel hacia el preservativo de la mesilla de noche de Oscar Duna. Abrió el paquete y lo colocó en su pene erecto. Denís, desde la cama, lo observaba todo impaciente. Marcos Alcaraz, en silencio, se aproximó a ella, y comenzó a hacer movimientos circulares en su crítolis. Denís sonrió. Pensaba que sería doloroso, como siempre había escuchado, pero aquello le gustaba. Marcos introdujo su dedo índice en la vagina de su amiga. La chica dio un grito ahogado.
- ¿Te duele?
Denís no respondió, pero el muchacho pudo ver que la joven ladeaba con la cabeza. Introdujo el dedo una vez más y Denís no se volvió a quejar. Marcos Alcaraz cambió de postura y entonces introdujo con suavedad su pene. Poco a poco. Lentamente. Denís apretó los dientes y una lágrima de agua salada rodó por su mejilla izquierda. Marcos Alcaraz volvió a cometer la misma actuación. Sacó el pene y lo volvió a introducir en la vagina, pero estaba vez algo más rápido.
- Lo estás haciendo muy bien pequeña. Si te duele, sólo tienes que decírmelo, y pararé.
Denís comenzó a moverse, lo cuál sorprendió al chico, pues pensaba que permanecería quieta durante todo el acto a causa del dolor.
Tras varios minutos, Marcos Alcaraz introdujo por última vez su pene erecto y lo dejo dentro de su vagina. Gimió profundamente. A continuación se levantó y descorrió un poco las cortinas para que entrara más luz. Quitó el preservativo usado y lo puso en alto. Denís enarcó una ceja desde la cama.
- Es para ver si estaba roto. Pero todo está perfectamente.- Dijo Marcos Alcaraz guiñando un ojo.
Denís se levantó de su sitio y rodeó a Marcos por la espalda. El chico no se apartó y le dio un sonoroso beso en los labios. Ambos dirigieron una mirada hacia el lugar donde había tenido lugar todo aquello. Denís se estremeció al ver una mancha de sangre en el centro de la cama.
- No te preocupes, es normal que hayas sangrado..- Aclaró Marcos Alcaraz arrugando las sábanas.
- ¿Sangraré cada vez que haga el amor?
- No pequeña.- Marcos acarició la barbilla de la joven.- Tira esto en algún lugar donde tu madre no lo pueda ver, sino se dará cuenta de lo que ha ocurrido.
Denís sonrió, comenzó a vestirse apresuradamente. Marcos la detuvo para darle un beso en la frente. Denís cerró los ojos, no quería despertar de ese sueño.
Oscar Duna se apresuró hacia la plaza del pueblo. Desde la lejanía había escuchado instrumentos sonar junto con el jaleo de la muchedumbre y supuso que habría fiesta. Necesitaba desconectar un poco de La Risueña. Ya apenas hablaba con mucho de sus huéspedes y la relación con su mejor amigo se había enfriado. Pensaba que si permanecía un segundo más sin ver la luz del sol dentro de ese viejo hostal, se volvería loco y lleno de nostalgia al igual que su amigo.
Comezó a dar por los adoquines de la plaza principal de Niotramm. Se aproximó a una taberna que se encontraba al aire libre y pidió una bebida. "Algo fuerte por favor" dijo sin más al tabernero. Éste, al mismo tiempo que limpiaba una de tantas jarras, le sirvió una bebida espumosa. Oscar Duna se la bebió de un trago y pidió otra. Esta vez se la sirvió una joven de pelo cobrizo recogido en un moño alto. Tenía unos ojos negros preciosos. Pero lo que más le gustaba de ella eran sus cejas que le daban un toque pícaro a su cara.
- ¿Cómo te llamas?.- Preguntó Oscar Duna entre sorbo y sorbo.
- Tiana.- contestó sonriendo la joven mientras pasaba un trapo recogiendo los restos de alcohol de la barra.
- Tienes un nombre muy bonito. ¿Quieres bailar?
La chica miró a un lado y a otro, y encogiéndose de hombros dijo.
- Me encantaría, pero estoy casada.
Oscar Duna resopló y se giró para poder contemplar el espectáculo. Los hombres bailaban y bebían y las mujeres más bonitas de Niotramm habían salido a lucir sus mejores galas. Pero su mirada oscura se detuvo en un punto en la lejanía. Concretamente en una chica apoyada en un banco de piedra que observaba cada uno de los bailes. Llevaba su cabello rubio que caía como una cascada fina sobre sus hombros. Reconocería esos ojos azules color océano en cualquier parte del mundo. La joven también se dio cuenta de su presencia y éste fue en su busca.
Se acercó a ella y tomó asiento a su lado, sin dejar la jarra de bebida espumosa. Tomó un sorbo y la miró de reojo. Laila estaba inquieta sin apartar la mirada del suelo. Finalmente sus miradas se entrecruzaron.
- ¿Por qué no has vuelto a dar señales de vida?.- Preguntó Oscar Duna mirándola fijamente a los ojos.
La joven lo miró y volvió a agachar la cabeza una vez más. Pudo verse reflejada en el iris de su acompañante. Se inundaron sus ojos color océanos de lágrimas pero logró retenerlas por unos instantes.
- No quería causaros problemas, Oscar.- Respondió Laila con un hilo de voz.
- ¿Tienes algo que ver con esa bruja? ¿Es amiga tuya o algo?
De nuevo silencio. Laila pasó la lengua por sus labios y entrelazó ambas manos. Intentaba que una excusa buena apareciera en su mente lo más rápido posible. Pero no obtuvo respuesta.
- ¿Queréis algo de nosotros? ¿Qué coño es lo que pasa?.- Oscar Duna se sobresaltó. Laila lo miró observando como sus mejillas se iban tornando en un color carmesí.- Eras muy importante para mi Laila.- Dio énfasis en la palabra "eras".- Pero me has fallado.
- No te he fallado Oscar, te estoy haciendo un favor.
- ¿Bromeas?.- Interrumpió el chico.- ¿Un favor es apartarte de mi lado?
Se volvió a crear el silencio. Oscar Duna se levantó y se puso de frente a su compañera. Ésta lo miraba a los ojos. Podían escucharse los pálpitos del corazón de Laila en cualquier parte de la isla.
- Creo que esta conversación está más que finalizada.- Dijo Oscar tirando la jarra a un lado.- Creo que no eres buena. No me fío de ti.
- ¿alguna vez te he dado motivos para qué desconfíes de mi?.- Preguntó la joven sobresaltada.
- No sé nada de ti Laila. No sé ni quienes son tus padres, ni que relación guardas con la perra esa. Y en cambio tú lo sabes todo de mi.
- ¡No la llames así! Meg no es mala.- Laila se llevó las manos as la cabeza. Oscar Duna enarcó una ceja.- Es una amiga, Oscar. Una muy buena amiga. Pero por diferentes circunstancias pues reacciona de una manera un tanto extraña. Pero no os haría daño nunca.
Oscar Duna resopló enfurecido. Dio una patada a la jarra que se encontraba en el suelo. Y con las manos en los bolsillos suspiró:
- No te creo Laila. No te creo.
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